clickar para ampliarÁngel Juárez Almendros (Granada, 1955), presidente de Mediterrània-CIE y destacado líder vecinal, presenta el 13 de diciembre, el libro “Ángel Juárez: Otro mundo es posible”, un repaso por su trayectoria humana y profesional y la historia de la entidad ecosolidaria.

 

Ángel Juárez, “Otro mundo es posible”, ¿es una biografía? No, aunque pueda parecerlo. La idea inicial era hacer una crónica del movimiento social en Tarragona, algo que no se ha hecho hasta el momento, pero, junto a la autora, Cinta S. Bellmunt, esta idea fue evolucionando, hasta convertir el libro en la historia de Mediterrània, Centre d’Iniciatives Ecològiques. Es la historia de una lucha, de cómo en un barrio obrero de Tarragona surge una entidad sin ánimo de lucro como Mediterrànea, pero desde la perspectiva de las personas que hay detrás, de aquellos que marchan tras las pancartas y las reivindicaciones.

Pero, el libro realiza un recorrido por su historia personal… Sí, soy de una generación que ha tenido la suerte de vivir cambios sociales muy profundos: una dictadura, los últimos coletazos del hambre, el nacimiento de una democracia, el movimiento hippy, la lucha sindical y vecinal… y finalmente la ecología y la solidaridad, que son las dos actividades que ahora ocupan mi tiempo y que dan nombre al libro “Otro mundo es posible”, que es como una conclusión de todo este recorrido.

El momento para presentar el libro, ¿ha sido escogido por algún motivo? De alguna manera sí. Vivimos una época de amnesia colectiva. Es como si siempre hubiésemos estado aquí, y todo nos lo hubiesen regalado. Me gustaría hacer recordar a la gente, y que vieran que con lucha y persistencia se consiguen muchos objetivos.

clickar para ampliarLucha y perseverancia… ¿son valores en declive? Sin duda en los últimos años se ha producido un cambio, las necesidades básicas de la gente están cubiertas y los políticos se han dedicado a desarticular la sociedad, con las hipotecas, el consumismo, el individualismo, restando importancia a los valores humanos. Como resultado asistimos a una gran masa social desmovilizada, desconectada de la política, y en contraposición, emergen capas cada vez más radicalizadas, como los antisistema; también movimientos interesantes entre la juventud, como los okupas o los antiglobalización. Hace unos años era impensable que los catalanes aceptáramos levantarnos dos horas antes para llegar a tiempo al trabajo sin quejarnos.

Con este panorama, ¿en algún momento se ha planteado lanzar la toalla? Puede que en algún momento, algún día de esos que te pilla bajo de moral, pero luego salgo a la calle y siempre me encuentro a alguien que me anima y me dice: “Ángel, eres de los pocos que dan la cara”, y eso te da ganas de seguir luchando. Aunque mi vida está ahora más a la cooperación internacional continúo manteniendo el vínculo con mis orígenes, asistiendo a las reuniones y asambleas de vecinos… Continúo siendo el mismo de siempre.

¿Qué consigues con esta lucha continua? Cada vez que en Mediterrània nos aprueban un proyecto para desarrollar una pequeña comunidad del tercer mundo, y posteriormente, tengo la oportunidad de viajar al país, sólo con sentir les miradas de agradecimiento de la gente, me siento la persona mejor pagada del mundo. Sólo en Nicaragua, hay ahora mismo centenares de jóvenes que van a la universidad gracias a Mediterrània. Recuerdo los inicios y tengo claro que la elección fue la acertada. Como también soy consciente de que nunca me jubilaré.

¿Se reconoce suficientemente la labor que desempeña Mediterrània y Ángel Juárez? “Nadie es profeta en su tierra”… de alguna manera hago mío el dicho popular. Soy consciente de que me tratan mejor fuera de Tarragona, de hecho, nunca se nos ha hecho un reconocimiento. A algunos políticos no les ha quedado más remedio que hacerme buena cara, puede ser porque soy una persona muy incómoda, pero no me han dado su amistad.

¿Qué planes de futuro tienes? En Tarragona tenemos un déficit en medio ambiente muy grande, se han dejado pasar oportunidades para ser líderes en recogida de basuras y de materia orgánica, para potenciar las energías renovables… Tarragona es una de las pocas capitales del Estado que no ha puesto en marcha la Agenda 21. Se ha hecho política de cara a la galería, y ningún dirigente, hasta el momento, ha creído realmente en el medio ambiente. Queda mucho por hacer, ojalá se dejen de lado los sectarismos y, juntos, hagamos una piña para llevar a cabo la transformación que necesita Tarragona.

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