1. • Los estadounidenses aceptan por primera vez reducir las emisiones y someterse a la ONU
  2. • El documento final carece de concreciones, pero pone en marcha un proceso muy difícil de frenar

 EFE / MAST IRHAM

Dos ecologistas, retratados tras una enorme pancarta mientras se manifiestan a favor de la lucha contra el cambio climático, ayer en Bali. Foto: EFE / MAST IRHAM

 

ANTONIO MADRIDEJOS
NUSA DUA / ENVIADO ESPECIAL

La cumbre del clima de Bali (Indonesia) finalizó ayer con un éxito rotundo al lograr que Estados Unidos, el primer emisor mundial de dióxido de carbono y el único país que sigue sin ratificar el protocolo de Kioto, se comprometiera por primera vez en la historia a reducir sus emisiones y a someterse al mandato de las Naciones Unidas. Los objetivos pactados son inconcretos y poco ambiciosos, pero el visto bueno estadounidense supone la puesta en marcha de una maquinaria sin fisuras –con el apoyo de más de 180 países– que se antoja muy difícil de parar.
La comunidad internacional se ha dado dos años de plazo, hasta diciembre del 2009, para definir el tratado que ha de defender la Tierra del cambio climático. Se firmará en la capital danesa: Copenhague.

MARATONIANA SESIÓN
El acuerdo se alcanzó en Bali tras una maratoniana sesión que para algunos negociadores se prolongó durante más de 24 horas, sin descanso, y que estuvo llena de suspense. Fue tanta la tensión y el cansancio que Yvo de Boer, jefe de la Convención sobre Cambio Climático (UNFCCC) y máximo representante de la ONU en la negociación, no pudo evitar que en un momento se le escaparan las lágrimas entre frases sincopadas. Por la mañana parecía que el texto que debían ratificar las delegaciones no iba a prosperar. “Francamente, estoy desilusionado”, declaraba entonces el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, llegado a Bali para firmar el documento.
Finalmente, el texto se ratificó. Ocupa solo cuatro folios, pero en ellos están incluidos los principios generales que han de guiar la lucha contra el cambio climático hasta la adopción del nuevo documento que sustituya al protocolo de Kioto de 1997. Esta hoja de ruta o manual de instrucciones elude referirse a cuánto dióxido de carbono deberían reducir los países industrializados, tal como exigía EEUU, y se limita a decir que es “urgente” una acción internacional en este campo.
La UE y los países en desarrollo pretendían que el texto subrayara que los países industrializados deberían reducir sus emisiones entre un 25% y un 40% en el año 2020 con respecto al nivel de 1990.

NOTA A PIE DE PÁGINA
Sin embargo, lo único que lograron fue una nota a pie de página que remite a un capítulo del reciente informe del IPCC –el grupo de expertos de la ONU en cambio climático– donde a su vez aparecen dos posibilidades sobre evolución de las temperaturas y concentración de dióxido de carbono. En definitiva, no queda claro si el informe de Bali pide que el porcentaje sea del 25% al 40% o bien del 10% al 40%.
Estados Unidos había amenazado con dejar las negociaciones si el acuerdo no incluía una exigencia para que los países en vías de desarrollo se sumaran al carro de las reducciones. “Creemos que el texto no es equilibrado”, repetía sin cesar la implacable subsecretaria Paula Dobriansky sin hacer caso de los repetidos abucheos. A EEUU no le salvó ser la primera potencia mundial porque cada vez que intervenía un país, sin excepción, su delegado cargaba contra la política norteamericana. Algunos fueron particularmente duros, como los de Suráfrica y Brasil. “Señores Estados Unidos, hagan el favor de retirarse del camino para que los demás podamos circular”, dijo el de Papúa-Nueva Guinea. “Estados Unidos está muy comprometido con este esfuerzo –respondía la jefa de la delegación estadounidense– y solamente queremos asegurar que realmente todos actuamos juntos”.
Bien por la presión insoportable, bien porque se trataba simplemente de un juego diplomático, lo cierto es que Dobriansky cedió finalmente: “Iremos adelante y nos sumaremos al consenso”. Tras sus palabras, el representante de Greenpeace en Bali, Bill Hare, declaró: “EEUU ha sido humillado. Nunca había visto una cosa igual”. Su colega en WWF-Adena, Hans Verolme, añadió: “La Administración de Bush intentó salirse con la suya, pero ha tenido que ceder”.

EXIGENCIAS
La cumbre también se tambaleó cuando China, India, Pakistán y Bangladés exigieron que la declaración final retirara o modificara que los países en desarrollo participarían en el esfuerzo de reducción de emisiones, y que esa reducción sería “cuantificable, medible y verificable”. Al final se mantuvo, pero subrayando que las ayudas financieras serán “verificables, cuantificables y medibles”.
A pesar de todas las polémicas, el jefe de la delegación de la UE, Humberto Rosa, celebró el acuerdo. “Ahora, añadió, vamos a tener dos años exigentes, con muchas reuniones y muchas personas trabajando duro”.
Finalmente, el ministro indonesio de Medio Ambiente, Rachmat Witoelar, cogió el martillo y lo descargó sobre la mesa para clausurar la conferencia. Los delegados aplaudieron sonoramente y respiraron tranquilos. Ya solo quedaba una hora para que concluyera el alquiler del palacio de congresos de Nusa Dua. “Si nos retrasamos mucho nos echarán de las instalaciones”, había bromeado la víspera Yvo de Boer.

Fuente: El Periódico de Catalunya

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