El autor de este blog (EL MUNDO)

Os deseo, a todos los que os asomáis a esta colaboración, un 2008 leve, limpio, lento y muy libre. Para lo que, además de transparencia, necesitamos un poco de sana austeridad. Sobre todo para no seguir acumulando CO2, grasa, soledad, basura, fealdad y cenizas sobre o bajo la piel del planeta y de las gentes. En fin: ojalá que todo siga renovándose menos el crecimiento de lo superfluo.

Que el año culmine en lunes, es decir cuando a uno le toca lanzar este blog, determina el resumen que a continuación pretendo ofreceros. En cualquier caso conviene algo de modestia.

Cuando uno se obliga a resumir lo sucedido en cualquier ámbito en los últimos 365 días en realidad acomete una de las clásicas tareas de Sísifo, esas que nunca se acaban. En cualquier caso, algo caracteriza al año.

La paradoja parece ser la médula de este último calendario. Un espectacular incremento en casi todo lo relacionado con la información ambiental se ha traducido en una notable consolidación de los resultados negativos para la salud del planeta. Que ésta sea ya materia prima del debate político, de las preocupaciones básicas de la sociedad y de no pocos excelentes presupuestos no ha quedado en absoluto reflejado en casi ninguno de los barómetros de la sostenibilidad mundial.

Arrecia la incoherencia porque sabemos, admitimos, pero no operamos en consecuencia. El irresistible ascenso a los cielos mediáticos del cambio climático baja de inmediato a los infiernos de la tacañería política, el conformismo fatalista y la evitable pero siempre consentida manipulación de los industriales del petróleo.

De ahí que el 92% de los indicadores de salud ambiental del planeta tengan un signo negativo. Lo que no evita la tendencia a mejorarlos, sobre todo en las sociedades más conscientes, con los europeos a la cabeza. Francia y Alemania han dado buenos ejemplos de incluir con notable ambición la compatibilidad con el derredor en sus programas de actuación. Queda llevarlos a la práctica y consolidar el tratamiento.

Por lo que respecta más directamente a nuestro país contamos con algunos signos de primera coherencia en algunos aspectos. Aunque sigue sin controlar el desmadre urbanístico, al menos han comenzado a bajar los ímpetus de las inmobiliarias y una nueva ley del suelo puede que ponga coto a la situación en los próximos diez o quince años.

No de menor importancia es que contemos con una prometedora normativa para el desarrollo rural y el Patrimonio Natural. Ya se que ha levantado las iras de los mimados cazadores y agricultores, pero con un poco de sensatez se entenderá la coherencia que se pretende alcanzar, por primera vez desde presupuestos seriamente ambientales, es decir con el interés general en primer término.

El mundo científico, afortunadamente, nos apoya cada vez más con sus incesantes aportaciones tanto de cara al diagnóstico como para la puesta en marcha de medidas correctoras.

En cualquier caso queda pendiente, sobre todo, lo que más de una vez hemos escrito en este blog. No hay que esperar a nadie para empezar a colaborar en el mayor desafío de la historia. Que no es otro que dejar de asesinar a las primaveras y que pongamos más y no menos vida en todos los horizontes. Gracias: seguimos intentándolo.

http://www.elmundo.es/elmundo/ecologia.html

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