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Es posible que mientras ustedes responden a sus quehaceres cotidianos, un grupo de “locos” se reúna al otro lado del Atlántico para intentar cambiar el mundo. Esto que suena tan utópico, créanme, no lo es. No sólo porque cometimos esa osadía, sino porque después otros quisieron compartirla, síntoma incipiente de que algo se está moviendo. El cambio de mentalidad es cada vez más acusado entre los ciudadanos que aún creemos en la justicia, en la igualdad, en la consecución de un mundo más saludable.  

Estos días asistimos al nacimiento de una peculiar legión de guerrilleros de la palabra: la Red Internacional de Escritores por la Tierra. Una iniciativa que reúne a un centenar de creadores de la palabra de ámbitos tan diversos como la ciencia, el ecologismo, el periodismo, la literatura o la música. 

El Primer Encuentro de Escritores por la Tierra, celebrado en la ciudad de Granada (Nicaragua), en marzo de 2007, del que toma nombre esta Red Internacional, representó un punto y aparte, tanto en la forma como en el fondo, a la hora de reivindicar una serie de aspectos de interés general para la humanidad. Nunca antes se habían reunido personas de disciplinas e ideas tan dispares con un nexo común, el lenguaje, el poder de la palabra, para diagnosticar, desde la sensibilidad literaria, una vez más, que habitamos un planeta enfermo y triste. Ciencia y literatura para hablar de la Tierra, desde la raíz de los problemas y en la búsqueda de soluciones. Ese es nuestro objetivo. Estamos planteando realidades que requieren de nuestra solidaridad, en países donde, por ejemplo, la gente tiene que vivir con un dólar al día…  si es que llega.  Por ello, la palabra es SOLUCIONES y los ciudadanos las queremos ya. Muchas respuestas deben llegar desde las instituciones internacionales, pero hay un factor clave, sin duda, que nos afecta de lleno a los ciudadanos: la EDUCACIÓN. La educación que empieza por casa. No sólo es una tarea de los profesores y educadores. Educar en la paz, en la solidaridad, en la sensibilidad ambiental…son metas que incluyen diversos actores. Por ejemplo, quienes nos dedicamos a contar la actualidad, a escribir sobre la vida, también tenemos nuestra parte de responsabilidad.  

Los medios de comunicación, especialmente la televisión, requieren ser sometidos a un riguroso debate  social, habida cuenta de la involución que se viene produciendo a nivel de contenidos, con la telebasura, en las principales cadenas españolas, y que deja mucho que desear. Ya no importa mezclar el cambio climático, con la boda de Belén Esteban, el hambre en África y la crónica de sucesos. Nos sirven cantidades industriales de basura televisiva, nos atiborran de montajes absurdos, historias que poco o nada nos enriquecen como personas. No hay espacios para la divulgación de los grandes problemas que afectan a nuestro planeta.  

A propósito. Sé que todo esto suena  poco o nada corporativista hacia el resto de profesionales del periodismo, pero no todos queremos entrar en el mismo bombo, entre otras razones porque entendemos que nuestro trabajo debe responder a la verdad, la transparencia y el rigor informativo. Por tanto, el chisme de escalera, las falacias, el colorín, los murmullos, el cotilleo o como quieran llamarlo,  ya no casan con la teoría y práctica del periodismo que se imparte en las universidades españolas. Por ello, no estaría de más que los profesionales de los medios hiciéramos ya un examen de conciencia en relación a cómo estamos empleando esa herramienta nuestra de cada día, la palabra, el leguaje, el periodismo. Pero no sólo eso, convendría también que empezáramos a desterrar ese periodismo de salón y despacho, de chaqueterismo provinciano, de rebufo funcionarial…Falta relación humana entre quienes informamos. Pisamos a quien sea necesario por estar, ¿dónde?… La respuesta: hoy arriba y mañana abajo. No sirve de nada vivir encantado de conocerse en esta profesión. Como dice el refrán castellano: arrieros somos y en el camino nos hemos de encontrar. De modo que este panorama hace necesaria una unión que nos haga fuertes ante lo que no es periodismo y cercanos a quienes comparten la tarea diaria de informar, los compañeros de profesión.

Arengas aparte y volviendo al asunto de fondo, la necesidad de divulgar estas cuestiones, tampoco sirve  con sacar un documental a la calle, ser laureado y dar conferencias millonarias cuando has sido un mercenario del medio ambiente y tu mina de zinc ha contaminando el entorno.  Soy incapaz de compartirlo. En mi humilde opinión, hay que dar más cabida a la divulgación, las televisiones han de abrir nuevos espacios a estas cuestiones, pero sinceramente los guiños son mínimos, si comparamos la televisión que se hace en España con la de otros países europeos.   

Este es sólo un caso paradigmático de la inmensa labor que nos queda por hacer en el terreno de la información. Puedo citar otras direcciones desde las que deben darse cambios a corto plazo. La sociedad en general, la comunidad científica, la clase política, los agentes sociales, los creadores de la palabra, los educadores… todos tenemos que estar ahí, como se ha propuesto esta tribu de Escritores por la Tierra, que diría nuestro entrañable Pere Casaldáliga.      

Si somos capaces de darnos cuenta de que la Tierra es una criatura viva que seguirá su camino, aunque la especie humana se extinga, como ocurrió durante la glaciación, entonces deberíamos apostar ya por cambios que contribuyan a esa tendencia a la mejoría que buscamos. Porque las evidencias las tenemos. Y porque no podemos seguir desde Homero con la misma Odisea. Esta fue  la razón que nos llevó a movilizarnos. 

A menudo, no somos conscientes de  que podemos cambiar multitud de situaciones mediante el uso del lenguaje, que el empleo de una sola palabra puede servirnos para modificar ese escenario que ahora recorremos con cierta desazón. El diálogo es la clave y del mismo surgió esta Red Internacional de Escritores por la Tierra, una idea concebida y desarrollada por Mare Terra Fundació Mediterrània, una ong de provincias que se ha internacionalizado gracias al esfuerzo de un equipo que lucha, cada día, por ayudar a construir otro mundo. Mare Terra Fundació Mediterrània, tiene hoy presencia en varios países de Mesoamérica y en Etiopía. Esta Red es un nuevo proyecto que se suma a su lista de acciones. Y esto demuestra que, desde el ámbito de lo local también podemos aportar nuestro granito de arena, sea desde Tarragona o desde Solentiname.  Sí, he dicho bien, Solentiname. Ese lugar que  representa muchas ilusiones por cumplir, como diría el combativo Manu Chao, buen conocedor de la tierra donde vio la luz esta iniciativa.  

Solentiname es, etimológicamente, el lugar de muchos huéspedes, en la lengua náuatl, y el archipiélago del Lago Cocibolca de Nicaragua donde se forjó la idea del Primer Encuentro de Escritores por la Tierra y donde Mare Terra Fundació Mediterrània viene trabajando, hace años, en varios proyectos. El mismo entorno donde naciera la Misa Campesina de los Mejía Godoy, la cuna del arte primitivista. Islas de poesía en una palabra. Por eso bautizamos nuestro documento fundacional como el “Manifiesto de Solentiname”. 

Un tributo a ese rincón histórico y crucial, durante la revolución sandinista, que terminó con la derrota del régimen de Somoza, en la Nicaragua de los 70, y que tiene como protagonista de excepción  a uno de los padres de la Teología de la Liberación, el sacerdote y poeta Ernesto Cardenal, el hombre que revitalizó el Solentiname postrevolucionario, pues que duda cabe que la comunidad permanente que se asienta en la isla y que él mismo creó, junto al alumbramiento del “Evangelio de Solentiname”, su obra cumbre, han sido razones de peso para que el archipiélago sea conocido internacionalmente. 

El “Manifiesto de Solentiname” exhibe la realidad de un planeta que se destruye, que navega a la deriva en el mar de la globalización, el deterioro ambiental y la violación de los derechos humanos. Pero al tiempo plantea acciones encaminadas a erradicar la pobreza extrema y el hambre, a lograr la enseñanza primaria universal, a promover la igualdad de género y la autonomía de la mujer, a reducir la mortalidad y la explotación infantil, a mejorar la salud materna, a combatir el VIH/SIDA, la malaria y otras enfermedades, a garantizar una vida digna, a fomentar una asociación mundial para el desarrollo, a impulsar la información, educación y la economía ambiental, a garantizar a los pueblos autóctonos los derechos humanos fundamentales, sus tradiciones y libertades, así como la permanencia en sus territorios tradicionales y a impulsar un comercio justo internacional, que posibilite el desarrollo sostenible.

Ante esta realidad de realidades, rompamos la rutina y el silencio, sumando esfuerzos y sinergias, logrando entre todos el control de nuestro planeta,   con la voluntad de Mujeres y Hombres. Gritemos, para que se nos oiga, con eco al futuro, nuestro hastío por la prepotencia, el abuso, la guerra, la corrupción, el hambre, las injusticias…y conquistemos el derecho a la vida, para todos por igual… Demos la bienvenida a esta nueva criatura que es la Red Internacional de Escritores por la Tierra. Y usemos para ello las palabras de Thiago de Melo: “queda decretado que los hombres están libres del yugo de la mentira. Nunca más será preciso usar la coraza del silencio. Ni la armadura de las palabras. El hombre se sentará a la mesa con la mirada limpia. Porque la verdad pasará a ser servida antes del postre”. 

Que así sea…

Juan Carlos Ruiz

Miembro y Responsable de Comunicación de la Red Internacional de Escritores por la Tierra

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