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Bien sabemos que el entorno no se ha presentado, aunque debería ser el primer punto de todos los programas. De hecho nada promete pero podemos estar seguros de que, aún siendo el gran olvidado como le corresponde a lo más grande, cumplirá sus promesas. Lo hará con el elocuente silencio de su larga experiencia.

 

Ella, la Natura, es vieja, la más anciana, pero encontró el elixir de la eterna juventud, que no es otro que la capacidad de reencarnarse incesantemente. Por si eso fuera poco hay unos cuantos ejemplos de que la ancianidad de los paisajes en su conjunto, y de algunos elementos en singular consiguen el formidable prodigio de resultar espléndidamente jóvenes y hasta más bellos precisamente por ser mucho más viejos que cualquiera de sus inquilinos o producciones.

Es decir, que la promesa esencial es sencillamente escanciar renovación sobre todo lo viviente. Comparen, si les apetece, con el famoso crecimiento económico, tan devastador, tan unilateral, tan violento.

No acabar, ni acabarse, ni que nada vivo se acabe es el primer servicio que lleva a cabo el mundo natural. Para conseguirlo no solo procede a no reservarse el derecho de admisión, sino que se dedica a coordinar, dosificar y administrar esfuerzos, propiedades y destrezas de muy diferente condición, origen y capacidad.

Usa lejanas fuentes de aprovisionamiento como las radiaciones solares; teje tramas con la lucidez de la luz; con la levedad de los aires y con la fecundidad de las aguas. Cuando pone sus manos sobre la tierra consigue convertirse en raíz que sostiene opulentos imperios de verdor. Recordemos que la vida invariablemente tiene sus cimientos de jugosos vegetales.

Sus frutos somos todos los animales y los otros tres famosos reinos de la vida. En consecuencia no podemos nunca identificar nada tan público, común y emprendedor como el ambiente. De ahí el comentario de que debería ser el primer punto de todos los programas.

En realidad, esta fábula de considerar que la Naturaleza se presentara a las elecciones o de que el poder supiera reconocerla, viene a cuento de que, ayer, todos los que optaron a escaños consiguieron no olvidarse de prometer que serían eficaces servidores públicos. Pero sí excluyeron de su recuerdo al mejor servidor con el que contamos. Porque la Naturaleza en su conjunto es un excelente servicio público con algunas cualidades que le distinguen de los que casi nunca consiguen culminar la administración.

Nos referimos a que los trabajos de lo natural son incesantes, correctos, oportunos y universales; se mantienen y renuevan por sí solos; están funcionando desde siempre y eso les ha permitido aprender a hacerlo bien o muy bien: resultan por completo gratuitos y no estropean lo anterior ni comprometen el futuro.

Aún así perdieron los comicios y todos nosotros también porque con raras, rarísimas excepciones, la mayoría de los políticos desconocen que hay servidores de lo público más honestos, eficaces y cumplidores que ellos. Los servicios de la Natura son demasiado baratos y no tienen, todavía derechos. Con todo, y a pesar de la enésima derrota, la vida no nos dará la espalda. 

Joaquín Araújo. Naturalista y escritor. www.joaquinaraujo.com

Fuente: http://www.elmundo.es/elmundo/ecologia.html

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