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Andamos casi medio país desparramado por las afueras. Bien es cierto que la mayoría pesa sobre el borde oriental. Por tanto está llenando lo lleno, es decir, ese frágil primer kilómetro de tierra que mira o es mirado por el Mediterráneo. Este año, por tanto, habrá bastante más testigos de la convencional llegada de la primavera, la del calendario oficial.

 

Lo que sucede es que poco anda tan alejado entre sí como lo que marca nuestro medir el tiempo y lo que acontece en los aires, las aguas y los suelos de nuestra Naturaleza.

De momento no se vislumbra un poco de sentido común, como el más que necesario y coherente escalonar también las vacaciones de Semana Santa. Recordemos que de organizarse éstas en tres turnos, no se perderían las ingentes cantidades de energía, nervios, vidas humanas y capacidad de acogida en los hoteles.

En fin, mientras llega esa sensatez, recordemos que el esencial periodo de la renovación de la vida presenta muchos síntomas de desfallecimiento. Que no es, por tanto, exagerado llamar moribunda a lo que queda de los meses templados, esos en lo que todo era cocinado a fuego lento y no muy fuerte.

Porque los abriles y mayos del Mediterráneo traían suaves temperaturas, bastante agua y mucha armonía en los procesos y ciclos esenciales.Tanto es así, que si el cambio climático se está cebando sobre algo es en acortar las primaveras, y así daña directamente a lo que más necesitamos.

Lo malo es que también estamos en la mayor sequía recordada. Es decir, que desde que se guardan datos de medición, jamás habíamos tenido un otoño e invierno más secos. No olvidemos que aquí los meses fríos son también los húmedos.

Por si eso fuera poco ya hemos pasado por tres mini olas de calor. De hecho, algunas floraciones se han adelantado hasta mes y medio. Varias especies de aves migratorias nos alcanzan casi un mes antes que hace sólo un par de décadas. Que la fuerte insolación, y esto es lo más grave, hace que todavía se pierda antes el agua que esconden los suelos y las plantas.

Cuando dentro de cinco días nos digan los calendarios que ha llegado la primavera, seguramente sería bueno que recordáramos que es nuestro excesivo gasto de energía lo que la hará huir. Acaso no estaría de más pensar que cada paso que demos, renunciando a minúsculas porciones de comodidad, puede devolvernos a la mejor aliada con la que contemos.

Porque la primavera es, ante todo, un servicio tan insustituible como gratuito que consigue nada menos que vuelva la vida a manar en cada centímetro de territorio no asfaltado o cementado.

Joaquín Araújo. Naturalista y escritor.

Más información: www.joaquinaraujo.com

Fuente: http://www.elmundo.es/elmundo/ecologia.html 

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