A lo largo de la pasada semana y de la anterior, prácticamente nadie respiró polvo; apenas volaron los pólenes y como si la tierra fuera boca –que lo es- enormes sorbos tragó.

Ancha era la sed y profunda la preocupación de todos los que vivimos al lado de lo que vive. Llegó el alivio. Nos han regado unos 70 litros por media en casi toda la Península, y más del doble en otros muchos puntos. Así, ha quedado ahogada la catástrofe que parecía inevitable y ya flotamos todos los demás sobre un espléndido y jugoso verde panorama. El que le falta a la política.

Conviene recordar que nada flota, ni nada, ni se ahoga sin agua. No menos que algo más de la mitad de lo que comemos aquí y casi el 70% de lo que come la humanidad se obtiene con tan sólo el concurso de la lluvia, es decir con lo que no implica obras, pagos e, invariablemente, mantenimientos costosísimos. Algo muy parecido, por cierto, al trabajo casi siempre femenino en nuestros hogares o a las conductas de los que no delinquimos. Es decir que son tan imprescindibles como gratuitas, tan ignoradas como poco aprovechadas y hasta despreciadas…

Es más, a veces el clima es como la situación económica: sus crisis son sus soluciones. Sus ‘bromas’ resultan del mismo calado que sus cumplidas promesas. También se llaga a detectar un notable paralelismo entre lo que sucede en la estela de bonanzas o tacañerías del mundo económico y las del horizonte climático. Las primeras ensalzan, promueven y alcanzan que derrochemos. Las segundas suelen hacernos también a nosotros tacaños o, al menos, lo suficientemente retraídos… Ahora que florecen tantas especies en lo abierto y que se desploman unos pocos sectores del planeta dinero, acaso fuera buen momento para romper la norma.

Ahorremos agua, sobre todo porque ha llovido, (Cataluña ya es otra cuestión) y gastemos unos pocos más euros, precisamente porque quieren esconderse en los bolsillos ya llenos de ellos. Ambos comportamientos pueden darnos el suficiente tiempo como para cambiar otras muchas actitudes y escenarios. Porque la sequía solo se ha escondido a cinco centímetros de la profundidad, y la recesión no es más que la constatación de que nuestro sistema económico se basa en el descomunal disparate de los agotamientos de los recursos y las oportunidades, y en la creación de virtuales sobrevaloraciones de las que no sólo no se vive -la inmensa mayoría, claro- sino que también pueden llevar a la ruina.

Reguemos, pues, a la pavorosa sequía que es nuestro modelo económico y demos su mejor oportunidad al clima. Porque cuando los efecto se convierten en causas y los medios en fines el agotamiento está asegurado.

 

Joaquín Araújo. Naturalista y escritor.

Más información: www.joaquinaraujo.com

Fuente: http://www.elmundo.es/elmundo/ecologia.html

 

 

 

 

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