Esta mañana desperté preguntándome en qué mundo vivimos, y si acaso el siglo XXI  había llegado a la Nicaragua del dictador Ortega o yo había tenido una mala pesadilla. Y no, mi subconsciente no me traiciona. La cuestión de fondo es que no hay peor autoritarismo que el que ejercen aquellos pequeños fascistas que un día tomaron la bandera de la libertad en defensa de los más desfavorecidos, para revolucionar sus estados y luego darle la patada en el culo al pueblo llano. Y en esas estamos, con el cuestionado presidente nicaragüense, que cuando no sabe cómo afrontar la triste realidad de su país – porque ya son muchos los sectores de la sociedad que le apuntan con el dedo- entonces desvía la opinión pública echando, a los pies de los caballos, a aquellos que disienten de su bochornoso chiringuito político y personal. Claro, esto, dicho desde el otro lado del charco, desde la hermana España –para mi nunca fue la madre patria de nadie- puede sonar intrascendente, pero no lo es. Y no lo es porque que viste y calza no sólo conoce un poquito la realidad nicaragüense, sino que además atesora algunos buenos amigos en ese bendito país. Y esto escuece más.

Por tanto, voy a intentar hacer un ejercicio de objetividad para contarles la sensación que uno tiene cuando todo un Estado, como una catedral de grande- que hace falta tener lo que hay que tener- se abalanza contra unos hombres, cuyo único delito ha sido cantarle a la vida, crear, reivindicar y, por supuesto, defender legalmente su obra, como haría cualquier otro artista con dos dedos de frente. Esto, cuanto menos, es una provocación y un intento de marear la perdiz. Porque no hay que perder de vista que cada cual es libre y señor de ceder su mensaje intelectual para el uso común, hasta que ese USO común se convierte en ABUSO por parte del poder establecido, que es algo completamente distinto.

Que el patrimonio artístico de los Mejía Godoy haya sido asumido por el pueblo, como cancionero de lucha durante décadas, no significa que no tenga dueños universales. En este caso, mis admirados Carlos y Luís Enrique. Que la afinidad política les llevara a ceder su obra para uso público en un momento determinado de la Historia de Nicaragua, no le da potestad alguna al señor Daniel Ortega para reivindicar legalmente un patrimonio que no le corresponde. Por eso, estaría más guapo con la boca callada. Sería conveniente que asumiera que en la vida y en la carrera política hay momentos de desencuentro, y cada cual  es libre de hacer lo que le venga en gana con sus ideas y su obra.  Y esto es lo que sucede con los Mejía Godoy, que cuando han decidido desautorizar la reproducción de sus músicas por parte de varios medios de comunicación -afines al Gobierno de Nicaragua- y al propio aparato del señor Daniel Ortega, se ha formado este escándalo absurdo.

Pero, ¿qué ha sucedido para que se produzca este desaguisado? Es sencillo, alguien que ha conseguido llevar al pueblo de Nicaragua al precipicio, entre corruptelas, caciquismo, capítulos que le colocan en la presunción de numerosos delitos y cuestiones personales de baja estopa NO se merece ni un segundo más de apoyo. Si esto hubiera ocurrido en España, el señor Daniel Ortega hubiera durado en el poder menos que un caramelo a la puerta de una escuela. De modo que ya no vale soliviantarse ni decir: ¡a mi, a mi me hacen esto, ahora! En política no sirve el victimismo. Hay que pensar las cosas antes de hacerlas, ser lo suficientemente humilde para realizar un ejercicio de autocrítica y dar respuesta a los ciudadanos y ciudadanas que han depositado su confianza en las urnas para que el señor Daniel Ortega esté hoy donde está. Mi intuición me dice que por poco tiempo.

Si cuestionable es todo el capítulo en sí, más censurable es todavía la actitud hipócrita de los medios de comunicación que jalean en Managua al eterno dictador y aquellos colegas periodistas que no son capaces de aceptar las disculpas de Carlos Mejía Godoy por el incidente protagonizado, tras la provocación que sufrió días pasados cuando una multitud de perros hambrientos se encargó de caldear el ambiente con improperios. ¿Quién no perdería la paciencia en una situación tal? ¡Por el amor de Dios! ¿Se imaginan al señor Daniel Ortega sin su guardia pretoriana siendo atacado y agredido por una masa de ciudadanos y ciudadanas? ¿Verdad que no? Pues ahí reside la diferencia. Los tiempos han cambiado, la revolución pasó, los fusiles cayeron al suelo, y ahora toca trabajar en serio por levantar Nicaragua, sin la sombra del pequeño fascista Ortega, que al final es el máximo responsable de cuanto está sucediendo alrededor de unos artistas que deberían tener un monumento en plena Managua.

¿Quién es Nelson Hurtado en Nicaragua?¿un PERIOLISTO del Canal 4 pagado por Daniel Ortega? ¡Vaya, qué gran hazaña! En España llamamos PERIOLISTOS a aquellos colegas que más que periodistas serios se creen jueces y todo lo saben, cuando no saben nada. Y las imágenes en Youtube del señor Nelson Hurtado me dan tristeza. Porque los periodistas de verdad no estamos para linchar a nadie. Como profesional de la comunicación no me entra en la cabeza. Los profesionales del periodismo serio estamos para informar, no para animar a una masa de ciudadanos manipulados contra dos personas indefensas. Por tanto, el cambio que necesita Nicaragua pasa también  por que haya menos Nelsons Hurtados , que no hacen ningún favor ni a la sociedad, ni a la profesión. Y siento no ser corporativista. No lo he sido nunca en mi país y menos lo voy a ser en el ajeno.    

Ahora corresponde levantar Nicaragua, sanear la clase política, la economía, promover la creación de empresas, aplicar la innovación como concepto de cambio, incentivar la educación, apostar por una sanidad con garantías, crear redes sociales que apuesten por el cambio, recuperar las relaciones exteriores y otras tantas cosas que los nicas están pidiendo a gritos. Nicaragua no puede permitirse reescribir de nuevo la cacique historia del pequeño fascista. No, por favor…

Juan Carlos Ruiz

Periodista y escritor

Cofundador y miembro de la Red Internacional de Escritores por la Tierra

info@juancarlosruiz.net

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