Por Juan Carlos Ruiz, autor del libro “Mujeres al Natural” 30 diálogos sin aditivos, ni conservantes. Mandala Ediciones 2004

La música es un componente muy importante en la vida de Cristina del Valle, pero no lo es todo. Tras esa apariencia frágil se esconde una mujer rebelde y luchadora. Quizá porque su infancia no fue fácil siempre ha estado muy concienciada con los problemas sociales. Sabe lo que es el glamour de los escenarios, pero pone pie sobre tierra y conoce bien los entresijos del asociacionismo y la marginalidad. Cristina del Valle ha sido el nexo de unión de cantantes, actrices y escritoras para dar forma a la Plataforma de Mujeres Artistas contra la Violencia de Género. Un colectivo que nace tras muerte de Ana Orantes, en 1997, aquella mujer que se atrevió a denunciar en televisión los malos tratos a los que le había sometido su marido durante cuarenta años y que fue el detonante para que éste la rociara con gasolina y la quemara viva. Ese fue el revulsivo para entrevistarse con José María Aznar, con los presidentes de diversos partidos políticos y con los Reyes de España. El objetivo: pedir una Ley Integral contra la Violencia de Género. Pero el compromiso de estas mujeres ha ido más allá. Ha llegado a los campos de refugiados saharauis, al Parlamento Europeo y a Irak, momentos antes de la guerra. Como reconocimiento a su trabajo, la Plataforma de Mujeres Artistas contra la Violencia de Género ha recibido varios premios, pero también ha soportado las críticas de quienes se incomodan sólo de pensar que las mujeres también saben organizarse.

-Cristina, la guerra de Irak ha demostrado que el petróleo mata, por una parte, y otros son capaces de matar por petróleo. ¿Estamos de psiquiátrico?

-Yo creo que no estamos de psiquiátrico. Simplemente, la palabra política y la palabra justicia se han convertido en empresas donde lo único que se valora es la rentabilidad y el coste, tanto sea de vidas, como sea lo que sea. No importa, ¿no?. Ninguna guerra está justificada. La guerra de Irak ha evidenciado, de una manera obscena, esa lucha de intereses, ese sentido de impunidad que tienen los representantes políticos. Evidentemente, los países del primer mundo para poder sobrevivir por encima de sus posibilidades, lo hacen desequilibrando a otros países y otras situaciones. Entonces, la perversión de la guerra es esta. Es la justificación para poder esquilmar la naturaleza y los recursos, para mantener la violencia de EE.UU y algunos países europeos a costa de estados, por ejemplo, de Latinoamérica, a costa del mantenimiento de dictaduras o de gobiernos títeres en los países árabes. Desde ese análisis, además, habría que decir que una de las cuestiones que se puso de relieve cuando fuimos a Irak fue el sentimiento de impotencia. De darte cuenta, como ciudadano, que la mayor arma de destrucción masiva son los medios de comunicación al servicio del poder y de la mentira. Es el cuarto poder y yo lo vi con una absoluta nitidez. A pesar de toda esta manipulación de los datos, de la información,,,el mundo entero se estaba levantando contra esa inmoralidad. Porque, a pesar de intentar justificar lo injustificable, la gente estaba reaccionando y se estaba dando cuenta de que nos estaban vendiendo una gran mentira. Sin embargo, luego, lo terrible del nacimiento de esa esperanza, de esa movilización ciudadana, que por primera vez de una forma masiva internacional toma conciencia y trata de presionar a sus políticos, es que se evidenció que los gobiernos estaban absolutamente en minoría frente a los ciudadanos que estaban en contra. Pero eso después no ha tenido un coste. Entonces, merecería un análisis mucho más profundo, ¿no?. Creo que estamos en un momento muy obsceno de todo y tiene mucho que ver con la permisividad y el abandono del papel civil de los ciudadanos como elementos representativos de un sistema que tienen que exigir a sus políticos un papel y que los políticos tienen que representar las necesidades, los deseos de una ciudadanía. Creo que se ha roto esa relación entre político y ciudadano. Y se ha roto también porque el ciudadano ha abandonado ese papel a través de un sistema, evidentemente capitalista, donde al individuo se le ha ido aislando a través de la información y de una política perversa. Y, desde luego, lo más terrible en Irak, para mí, fue que era la primera vez que yo, como ciudadana, estaba yendo a un país donde cada presentación o cada vez que conocía a un a persona, era una despedida. Ibas a un país donde muchísimas personas habían sido condenadas a muerte sin un juicio justo, sin ninguna justificación, con la permisividad de la comunidad internacional y con la pasividad de los representantes políticos. Era asistir a la crónica de una muerte anunciada sin poder hacer nada. Entonces, ese sentimiento de impotencia ha sido lo más duro que yo nunca había vivido de una forma tan real.

-¿Han conseguido globalizar el miedo?

-Yo creo que no. Al contrario. Con todo lo que pasó a raíz de Irak se ha conseguido empezar a desmantelar esa desvergüenza. Ha habido un arma fundamental que ha sido Internet que ha permitido contrainformar. Ha sido una vía abierta no controlable, aunque se está intentado estigmatizarla para poder controlarla, para poner en tela de juicio muchas de las mentiras, para que la información se moviese en minutos, a través de vías internacionales, y para que muchas personas que tenían esa contrainformación la pudiesen manifestar. Entonces, a pesar del control mediático, se ha contrarrestado mucho mediante Internet y el movimiento ciudadano, civil, se ha coodinado, se ha organizado y ha tomado una posición clara.

-¿Por qué decidís ir a Irak?

Para nosotras la mayor manifestación de la cultura violenta es la guerra. Las mujeres, en el mundo entero, están luchando con políticas antibélicas y hay un movimiento muy importante con el que estamos en contacto que es “Mujeres de Negro contra la Guerra”, que nació en los países árabes, y tiene un papel fundamental en muchos de los conflictos armados. Siguen trabajando y para nosotras ha sido un ejemplo. Nosotras nacimos como una plataforma de mujeres que luchábamos contra la violencia de género en el mundo entero y contra la violencia que sufren las mujeres por el hecho de ser mujeres. Y no hay que olvidar que en cualquier conflicto bélico el doble sufrimiento siempre es para las mujeres. Son utilizadas como arma de guerra contra el enemigo, son violadas, son agredidas, el 80% de los refugiados del mundo son mujeres y niños. Cuando hay un conflicto, la violencia y las situaciones de tensión se agudizan y las sufren las mujeres, mayoritariamente. Igual sucede con la pobreza y las enfermedades. La mayoría de las mujeres, como pasaba en Afganistán, eran viudas con muy pocos recursos económicos y que tenían a su cargo a familiares, como hijos y ancianos.

-Y a pesar de todo, es curioso, porque la mujer se erige en el motor de cualquier sociedad.

-Sí, pero no tiene el poder. Entonces tú puedes ser el motor simbólico, puedes ser el motor de la mano de obra, pero si no tienes acceso a los mecanismos de poder, difícilmente puedes cambiar los códigos por los que se rige la política en el mundo. Entonces, sí estamos viendo, evidentemente, la otra forma de hacer política de las mujeres. Por ejemplo, en los países latinoamericanos es siempre a través de la cooperación. Los campos de refugiados sahauis, donde hemos estado en varias ocasiones, donde hemos organizado campañas de apoyo a las mujeres, donde hemos trabajado muy de cerca con el Frente Polisario, son otro ejemplo de cómo las mujeres, en mitad de la nada, sin condiciones y viviendo de la ayuda humanitaria en la jamada argelina, han construido una sociedad con 250.000 habitantes que llevan y que organizan de una manera impecable y donde la base de todo es la cultura. La mujer saharaui tiene muy claro que la escolarización es fundamental para que cuando vuelvan puedan tener reconocimiento y cargos públicos y políticos para poder formar parte de la organización de su país. Y son mujeres absolutamente preparadas, con una conciencia política y de género increíble. Hay un concepto que define su trabajo que es “solidaridad entre mujeres”. En el Sahara las mujeres construyen, en plan cooperativa, las tiendas donde viven, las alfombras, las escuelas para mujeres…Hay un campamento móvil que se llama “27 de Febrero”, especifico para mujeres, donde ellas se trasladan con sus familias y mientras unas cuidan de los hijos de otras, las hay que estudian en los distintos talleres. Tienen talleres de todo tipo. Hasta talleres de autoestima. Son un ejemplo de cómo las mujeres sin recursos y en condiciones infrahumanas son capaces de construir sociedades con códigos equilibrados y justos, donde están escolarizados todos los niños, donde los niños con deficiencias y problemas de todo tipo son tratados, respetados y forman parte de la sociedad. Son códigos totalmente diferentes y las mujeres desarrollan su trabajo, como en el tercer mundo, con los créditos blandos que se daban primero a los hombres, estos los gastaban en alcohol, abandonaban a sus hijos y nunca devolvían esos créditos. Las mujeres, no sólo los devuelven, sino que los invierten en tierra, plantaciones…que revierten en su familia y en toda la comunidad. Entonces, sí hay una alternativa. El problema es que las mujeres no tienen acceso al poder ni capacidad de decisión política.

-Cuando viajasteis a Irak hubo quien afirmó que ibais a apoyar a Sadam Hussein. ¿Crees que fue, más bien, un intento de manipulación?

-Sin duda. Nosotras sabemos que, políticamente, nuestro viaje fue molesto. Y hubo un hecho para mí muy significativo, que sólo Iñaki Gabilondo nos permitió denunciar, muy grave, que fue la manipulación de nuestro encuentro con el señor Tarek Aziz, el ministro iraquí. Habitualmente, a las mujeres se nos asocia a los movimientos cooperativos o de asistencia social. Es decir, o vamos como damas de la caridad…o con temas de cooperación…pero en el momento que queremos manifestar nuestra posición política apostando por el diálogo y la paz, tocamos las narices. Nosotras fuimos a Irak a lo que pensábamos que deberían haber ido los políticos del mundo entero: a hablar, a dialogar, a manifestar, tanto a los representantes políticos iraquíes, como a su ciudadanía, que estábamos en contra de la guerra. Y queríamos también saber y contrastar información. Asimismo, desde la plataforma deseábamos establecer proyectos de cooperación con las mujeres. Claro, para entrar en un país, lo haces a través de su gobierno, siempre. Entonces, el encuentro con el señor Tarek Aziz y algunas organizaciones era para manifestar a todo el pueblo iraquí nuestra posición como ciudadanas que estábamos en contra de una guerra ilegal. Ibamos a condenarla. Y queríamos también pedir la creación de un sistema de cooperación con las mujeres iraquíes a través de intercambios culturales, como por ejemplo, un concierto por la paz con artistas españolas e iraquíes. Ese encuentro fue muy simbólico por lo que ocurrió. Nos reunimos con el señor Tarek Aziz, le comentamos todo esto y se le pregunta que si estuviera el señor Aznar allí qué pensaría de todo lo que estaba pasando. Entonces, el nos dice que estaba muy sorprendido con la posición de España, que nunca se lo hubieran esperado, que él era amigo de muchos de los miembros del PP, que también conocía a muchos de los miembros del PSOE e IU, que había tenido varios encuentros con Aznar, todos muy cordiales, y que le parecía un error gravísimo que el representante de un país no recogiese el sentir de una ciudadanía cuando, en ese momento, los índices daban un 85% de españoles y españolas en contra de la guerra. Lo que Tarek Aziz pide a Aznar es que escuche a sus ciudadanos y decía: “el pueblo iraquí es un pueblo amigo y hermano del pueblo español”. Y lo pudimos comprobar con el cariño que nos daban en las calles. Sabían de España muchísimo más de lo que nosotros sabemos de Irak. Y el decía: “de ustedes, españoles, nos separa el mar. Somos hermanos. EE.UU viene, ataca y se va. La participación de España sólo va a servir para generar un ambiente de rechazo, más violencia y un aumento del terrorismo en el mundo”. Y cerraba la frase diciendo: “yo te pido Aznar, que escuches a tu pueblo”. Esas palabras fueron absolutamente manipuladas en una situación delicadísima, cuando cincuenta personas estamos allí y se acaba de declarar el apoyo de España a una invasión, y los informativos nacionales y el señor Aznar en el Parlamento, ese día dicen que el señor Tarek Asís, delante de compatriotas españolas, ha amenazado a España con actos terroristas. Para mí fue la manera más cruda de evidenciar la inmoralidad de un gobierno que no tiene ningún escrúpulo a la hora de utilizar una información manipulada y perversa poniendo en peligro la vida de cincuenta personas que están en un país enemigo, en ese momento, diciendo una mentira de una gravedad que a nosotras nos puso en una situación muy delicada. Tuvimos que convocar una rueda de prensa porque allí todo el mundo se quedó impresionado y desmentir lo que se había dicho. Pero en España no se nos permitió hacerlo. Gracias a Iñaki Gabilondo tuvimos una hora en la cadena SER para poder desmentir, pero el resto de la prensa fue escandaloso. Se nos llamo terroristas. A mi me dijeron de todo… que yo era amiga del señor Tarek Asís… y que mis amistades ya no eran peligrosas, sino criminales… O sea, de una desvergüenza, inmoralidad y perversión, que yo cuando volví de Irak me di cuenta que en política, en este país, valía todo.

-Mucha gente sólo sabe de Irak lo que nos cuentan cuando comienza a forjarse el ataque. Pero nadie nos ha explicado cómo era ese país antes de la guerra.

-Yo, a nivel personal, te puedo decir que me encontré con una imagen desvirtuadísima. Y eso que yo con información había intentando contrastar con muchos amigos árabes, pero claro, no tienes un conocimiento profundo, ¿no?. Y evidentemente influye la imagen que había. Nos quedamos profundamente sorprendidas. Además nosotras hicimos un viaje de más de veinticuatro horas en autobús, a través del desierto, desde Siria hasta Irak. Y bueno, ibamos aterrorizadas. Llevábamos una imagen, como te digo, muy desvirtuada de que allí nos podía pasar de todo. Y nos encontramos con un pueblo cariñosísimo, culto, alegre, vital, orgulloso. No es tan fácil acabar con un pueblo, como se creen muchos. No se puede callar cuando la gente tiene algo por lo que luchar cuando los pueblos son orgullosos y cuando se niegan a que les machaquen. Irak llevaba doce años con un genocidio permitido por la comunidad internacional que era el embargo, el bloqueo. Yo nunca había visto las consecuencias, pero las vi en uno de los hospitales de Irak donde había centenares de niños enfermos de cáncer y de leucemia como consecuencia de la utilización de uranio empobrecido en las armas que empleó EE.UU, que no tiene ninguna ética la hora de agredir y de utilizar armas de cualquier tipo y que es el país, para mí, que ejecuta el terrorismo de estado más perverso. El embargo ha sido lo que ha acabado económicamente con Irak porque produce efectos devastadores. Yo vi los cuerpos de centenares de niños, que pudimos ver y tocar, que estaban en los hospitales muriéndose en los brazos de sus madres porque no se permitía la entrada de medicamentos desde hace doce años. Porque cualquier cosa podía ser utilizada, entre comillas, según este embargo, para crear armas de destrucción. Ni lapiceros, ni papel, ni medicinas, ni aparatos para detectar el cáncer…nada. Decía un médico: “yo he estudiado para salvar vidas y ahora me tengo que plantear la selección. No tengo material. Y entre la gente que tengo, debo elegir a quienes salvo y a quienes dejo morir. No tengo acceso a contrastar información a través de revistas, ni de libros, ni de nada, para poder actualizar mis conocimientos, No tenemos nada”. Y lo vimos. Morían al mes 8.500 niños menores de 5 años por falta de medicinas, una cifra reconocida por informes internacionales. Y esto pasaba en un país que era floreciente y rico, con un sistema que había recibido muchísimos premios de la comunidad internacional antes de todas estas historias. Además, perversamente, como han hecho los israelíes con los palestinos, en los sucesivos ataques a Irak se destruyeron todas las canalizaciones, se mezclan las aguas fecales y el agua potable, no hay pastillas potabilizadoras. La contaminación del agua es una de las armas que más se usa en las guerras contra la población civil. Así aparecieron el cólera, el tifus y otras enfermedades que estaban erradicadas. Entonces, cómo se puede sentir un pueblo al que, durante doce años, esta intentado aniquilar la comunidad internacional. Un pueblo, y sobre todo sus mujeres, que está viendo cómo sus hijos se mueren con la impotencia de no poder salvarlos. Creo que todo esto genera un odio que yo, como madre, lo entiendo perfectamente. O sea, hacen algo a mi familia y yo haría lo que fuera, lo que fuera. Entonces, ese derecho que tiene la gente a defender sus países y sus pueblos, creo que es un derecho legitimo y, sobre todo, desde el dolor. El único arma que le queda a un ser humano que se le está tratando con tal inhumanidad es la rabia y la ira. Lo mismo que uno siente cuando EE.UU bombardea un refugio, de los que se deben respetar en cualquier conflicto, mientras dormían quinientas mujeres y niños. Dispararon dos mísiles. Dijeron que había sido un error. Luego se demostró que habían conseguido los planos de una empresa Finlandesa. De esos dos mísiles, uno entró por la puerta y el otro por la canalización del aire hasta conseguir temperaturas de miles de grados que dejaron adheridos a aquellas mujeres y niños como calcomanías contra las paredes. Y ves todavía los rostros de muchas mujeres abrazadas a sus hijos. O sea, ¡es tan perverso!, que la palabra terrorismo cobra un sentido muy grande cuando lo ves ahí evidenciado y encima consentido.

-¿A quién habrá que exigir responsabilidades del impacto medioambiental del conflicto? Una cuestión que, al igual que las víctimas humanas, se reduce a daños colaterales.

-Pero como se saltan las resoluciones internacionales…Esto es un sistema perverso. O sea, yo me monto con mis amigos las resoluciones y los códigos y los desmonto cuando quiera. Entonces, lo que sucede es que no hay un control sobre todo esto y los organismos que deberían estar ahí, no son independientes. La Unión Europea y la ONU han quedado en evidencia. Aquí quien manda es una potencia y la una política es imperialista. Igual que el Imperio Romano, pues el Imperio Americano. Ese es el problema. Se habla del Tribunal de La Haya, de crímenes de guerra y tal, pero…¡es mentira!. Esto ocurre porque hay un sentimiento de impunidad absoluto por parte de los gobiernos a la hora de saltarse las leyes. EE.UU es el país que más resoluciones se salta a la torera, que más incumple acuerdos internacionales, y desde luego, que más agrede. En cuestiones medioambientales ha vetado todas las cumbres, todos los acuerdos, todo, todo. El tema de la infancia, los niños soldados…Mientras esa permisividad exista, mientras no hay ningún control, mientras no se sientan cuestionados y mientras no lo paguen en votos, es imposible acabar con todo esto. Porque, además, los gobiernos de derechas están apoyados y reforzados por las grandes empresas. Es muy difícil contrarrestar esto. Lula da Silva está empezando a tener problemas serios por esto. El poder económico es el poder político y están ligados. Y mientras mi empresa rentabilice determinadas cosas, aunque esté esquilmando a través de industrias madereras, la Amazonia, o mientras tenga beneficios…¡no me importa!. No hay una conciencia social. Ni los países se plantean priorizar en sus políticas, la política social.

-En principio parece que no hemos ganado nada con esta guerra. ¿Tu no crees que pensar que George Bush puede terminar con el terrorismo de ETA es un planteamiento ingenuo?

-Bueno, a mí me parece terrible, hipócrita y, sobre todo, yo parto de la base de que el señor George Bush y el señor Sharon son terroristas de estado, ejercen una política terrorista, tienen armas de destrucción masiva y que funcionan con la política de ejercer el terror y el genocidio en muchos países. Y los ejemplos los hemos visto y yo los he vivido personalmente. Por tanto, yo no reconozco la legitimidad de un país que dice que va a ayudar a España en la lucha contra el terrorismo cuando utiliza el terrorismo como política de estado.

-¿Crees que hemos perdido un tiempo hermoso para atender los problemas sociales que padece España?

-Es complejo el análisis. Ha sido decepcionante para quienes pensábamos que la gente iba a castigar políticamente, que iba haber un cambio de actitud, que la ciudadanía iba a posicionarse. No fue tan evidente, pero sí es cierto, y yo lo percibo, al menos, que los políticos en España y en otros países están empezando a perder el sentimiento de impunidad que tenían y se ven forzados a la necesidad de dar explicaciones. Primero, porque se están suscitando polémicas y se está levantando información, como por ejemplo con el caso de Tony Blair. Espero que todo lo que está ocurriendo con el asunto del científico David Kelly le cueste su gobierno, y por supuesto, que lo echen de ahí. Y ojalá le costara al señor Bush y al señor Aznar, en el caso de nuestro país. Pero es cierto que percibo todo lo que está pasando, que hay un momento de crisis muy grave en España, lo que está sucediendo en la Comunidad de Madrid y que se sienten obligados a dar explicaciones. La ciudadanía está empezando a hablar de política, a saber qué pasa y eso es bueno. Ha nacido un movimiento ciudadano real que no va a dar marcha atrás. La gente cuando se le engaña, no es estúpida y no olvida.

-¿Qué cuestiones exigen una acción inmediata en España por parte del Gobierno?

-Para mí el primer problema de estado es la violencia de género. Evidente. Causa diez veces más muertes que el terrorismo. Hablamos de más de cien mujeres que mueren al año en este país asesinadas por sus compañeros o esposos. En España se suicidan todos los años ochocientas mujeres. Cuatrocientas lo hacen por causa de un cuadro de violencia doméstica. Esto no computa, como tampoco las mujeres que mueren al cabo de los años por los golpes continuados sobre sus órganos vitales que aparece como una supuesta enfermedad. Por tanto, hablamos de unas cifras terribles. Una violencia que no es esporádica, casual, que está arraigada en una cultura y que tiene la permisividad de toda una sociedad. El maltratador lo es porque tiene un sentimiento de impunidad reforzado por todo un sistema social. Y lo estamos viendo, El Gobierno no ha tenido ninguna voluntad política, los planes integrales no funcionan, las muertes aumentan -un 40% en lo que va de año respecto al año anterior- y no está sirviendo de nada lo que hacen. No han querido sentarse a hablar con las organizaciones de mujeres, no han querido impulsar la Ley Integral que presentó en Septiembre del año pasado el PSOE apoyado por todos los colectivos de mujeres, se han negado en todo momento a aplicar la perspectiva de género en la política que rodea el tema de violencia y a establecer un presupuesto serio, y desde luego, no lo consideran un problema de estado. Para mí eso es de una gravedad extrema y es el problema más grave y de primer orden y que tira por la borda la palabra democracia. En este país más de 2.500.000 mujeres viven diariamente en sus hogares violencia. Son apaleadas, violadas, agredidas, golpeadas. Viven situaciones de terrorismo domestico real. Evidentemente, otro problema grave es el terrorismo político. Es indiscutible. Y otra cuestión es la falta de políticas sociales. No puede ser que vivamos en una situación donde hay un nivel económico alto, donde la gente vive bien y, de pronto, haya miles de ciudadanos en estado de extrema pobreza, indigentes, gente con problemas de toxicomanías, la tercera edad…Las casas de acogida para mujeres, por ejemplo, son una vergüenza. Yo las conozco muy bien. Hace poco he estado en Vigo, en una de ellas. ¡Es un escándalo!. Las mujeres llegan con sus hijos a aparcaderos, a lavadas de cara que hace el sistema, llegan en sillas de ruedas porque han salido de un coma y se encuentran sin tratamiento, sin tener un duro, saliendo de su casa sin nada, sin ropa. Que las instituciones y que un Gobierno no priorice que los ciudadanos en situación de desprotección, marginación o pobreza no tengan cubiertos esos recursos, cuando estamos invirtiendo millones en parquecitos, en carreteritas… etc, me parece de una inmoralidad absoluta. Que haya inmigrantes, que porque no tengan papeles, no tengan derecho a una sanidad o a asistencia jurídica gratuita, me parece una violación de los derechos fundamentales, gravísima. ¿Y la tercera edad? Ancianos que se mueren solos, que no tienen recursos, que no tienen derechos a una asistencia en su casa costeada por el Estado…¿Pero qué es esto?. En ese sentido hay una involución absoluta.

-¿Y lo de la doble moral de este país?

-Mira, este Gobierno tiene una política exclusivamente mediática. Se trabaja de cara a la galería y eso lo hace muy bien. Ese es el problema. Está carente de contenido. Y lo evidencia mucho el tema de la violencia. El señor Zaplana creo que es un ejemplo clarísimo de cómo se hace circo, con todo el respeto para el circo, con un problema terrible. Es decir, yo suelto medidas, yo ahora voy a daros, voy a poner esto… es todo mediático. Cuando tú lo analizas en profundidad es una ofensa. Está carente de contenido. Un Plan Integral no obliga a un gobierno frente a una Ley Integral. Yo puedo decir, como hace el señor Zaplana: ¡voy a darles a las mujeres maltratadas todos los meses tanto dinero y además voy a poner esto y lo otro!. Yo eso, si no lo tengo estipulado por ley, no necesito un control parlamentario para cumplirlo. Con que de todo lo que diga cumpla un 25%, sirve. Entonces, al no ser de obligado cumplimiento, yo lo puedo utilizar mediáticamente de cara a unas elecciones, de cara al momento en que necesite lavarme la cara con esto, ¿no?. Por tanto, eso es muy perverso y es típico de este Gobierno, en todo. Se maquillan y se disfrazan las cosas. Y en el momento que rascas es un vacío total.

-¿Existe una conciencia de no delito hacia el hecho de la agresión a la mujer?

-Absolutamente. Mira, el otro día, en la casa de acogida volví a escuchar algo habitual que las mujeres te comentan siempre. “Mi marido me decía: ¿romperte un brazo? Doscientos euros”. Eso lo dicen los hombres a sus mujeres. Es tal la burla que hay…Todavía hoy, en televisión, oíamos hablar a una persona de un vencindario a la que preguntaban qué pensaba de una vecina que había sido agredida y decía: ¡tuvo que hacer algo muy grave!. Todavía existe en la sociedad el sentimiento de justificación y complicidad. Mira un hecho muy claro fue cuando Bono, que fue un político muy valiente, no sólo planteando la primera Ley Integral en su comunidad, sino cuando planteó una medida muy interesante que fue publicar los nombres de los maltratadores, a través de sentencias públicas, con el consentimiento de las víctimas. Entonces, ¡se montó un escándalo en este país!.

-Porque escocía.

-Porque escocía. Es decir, ¿qué pasa en este país?. Por qué nadie va a cuestionar que los políticos lleven escolta, cueste lo que cueste al país, porque todos lo consideramos lógico y por qué en este país nadie se cuestiona que las mujeres están desprotegidas. Y, sobre todo, eso, lo que tú decías. En este país nadie escribiría, ni haría humor con el terrorismo y el racismo. Sin embargo, en este país se sigue escribiendo, se sigue haciendo humor y se sigue hablando de la violencia con absoluta impunidad. Tu coges un periódico de la prensa diaria y te puedes encontrar con artículos, columnas…haciendo apología de la violencia. Hace poco, la señora Miriam Tey, directora del Instituto de la Mujer, nombrada por el señor Zaplana, según él una señora muy valiosa y con una gran conciencia de género para dirigir un instituto que fue una lucha de las mujeres, pues ha permitido, alentado y apoyado la publicación de un libro que se llamaba “Todas putas”, donde se hacía apología de la violación de un tipo a una menor de cinco años, en uno de los cuentos. Y justificaba la misoginia, la agresión y todo esto. Y todavía en este país hubo algunos intelectuales, entre comillas, que se atrevieron a escribir desde su intelectualidad, desde su vanguardia, desde su liberalismo, diciendo que no se podía coartar la libertad. Me hubiera gustado a mí saber, si alguien hubiera hecho un artículo haciéndose pasar por un terrorista, riéndose y mofándose del terrorismo, si se hubiera permitido, ¿no?. Esa es la diferencia.

-¿Quién es más hombre, un hombre que llora o uno que pega a una mujer?

-Un hombre que pega a una mujer para mí no tiene ninguna valía. Y creo que los hombres, cada vez más, están planteándose el concepto de masculinidad. Todos hemos sido víctimas de la educación que hemos tenido y los hombres no son menos porque se les ha educado dentro de un sistema emocional castrante. Muchos hombres se están alejando de los códigos con los que funciona la sociedad. El machismo les supone problemas psicológicos, infartos…ahí está el papel del ejecutivo que tiene que ser perfecto, que tiene que cumplir con todo. Se están replanteando los papeles de lo femenino y lo masculino. Hay hombres que se asocian contra la violencia y que tienen un cometido fundamental: mostrar a otros hombres, otro tipo de códigos y cuando saben que un compañero maltrata a su mujer, no reírle la gracia, no bajar a tomar café.

-¿De dónde sacas toda esta energía para luchar con todo lo pequeñita que eres?

Tiene mucho que ver con la experiencia. El hecho de haber nacido en una familia con una situación de violencia domestica te da, como niño, una visión del mundo muy diferente a la de un niño que nace en una familia normal, entre comillas. Esa experiencia vital, depende de cómo la canalices, puede servirte para tomar una posición, tener un análisis, objetivizar, para poder neutralizar todo ese daño psicológico. No hay que olvidarse que los hijos de las víctimas de la violencia son víctimas directas. No son meros espectadores. Cuando un padre está agrediendo a una madre, el niño está siendo la víctima, siempre. Y, evidentemente, esa educación por parte de mi madre y la posibilidad de haber tenido gente muy cerca también que te ayuda, pues canalizas positivamente todo eso. Pero cuando un niño está percibiendo una imagen de la rotura del papel paterno, la agresión por parte de un ser con el que tendrías que sentirte seguro, dentro de un espacio como es el hogar, donde el niño y la familia deben sentirse arropados…pues es el entorno donde vive este horror, donde vives violencia, donde se te rompen todos los esquemas…evidentemente, los niños que tienen muy pocos recursos psicológicos para poder canalizar y colocar eso en su sitio, si es que se puede colocar, porque claro, eso es un trauma y no se debe normalizar nunca la violencia…entonces todo eso genera estados psicológicos y conductas muy peligrosos. El dato está ahí, en los estudios: el 90% de los maltratadores vienen de hogares de maltrato, donde han normalizado la violencia, como algo natural. Han convivido con ello y lo repiten. Igual que muchas de las mujeres normalizan la violencia como una forma de convivencia. Si has vivido con eso, no lo ves como algo extraño. Te adaptas psicológicamente para poder sobrellevarlo. Todo eso te hace tener una visión del mundo negativa, ser mucho más crítica desde joven, tener una madurez mucho más acelerada que otra gente, y desde luego, desde muy joven percibí una realidad absolutamente diferente y crítica y me di cuenta que los hombres y las mujeres no eran iguales, no tenían los mismos derechos, que había una injusticia permitida que era increíble y que mi realidad era distinta a la de otra gente. Y entonces, todo ello te hace tomar conciencia y uno ya no puede dejar de luchar por cambiar las cosas, ¿no?. Quienes hemos sufrido en la infancia, además, tenemos como un sexto sentido, tienes mucho más desarrollada la empatía y te sientes mucho más cerca de la gente que sufre. Hay una química que notas y por la que conectas mucho más rápido. A mí el dolor no me produce pena, ni lastima, ni sentido de la caridad. Me provoca indignación, rabia y no puedo permanecer impasible. Y revuelvo Roma con Santiago y hago lo que sea. Esa es mi forma de vida y de estar en el mundo, y resulta muy incómoda a mucha gente. Muchas veces te sientes también muy sola.

-La música, como lenguaje universal, ¿debe comprometerse más?

-No me gusta ser juez de nada ni decirle a nadie lo que tiene que hacer. Es tan valioso lo que pueda hacer yo o lo que hace otra gente. Cada persona es respetable en lo suyo. Pero sí es cierto, y a mí me encantaría, que ojalá la música, además de ser algo lúdico, que es lo fundamental, tuviera una parte de crónica. Los artistas también son cronistas. Han tenido el papel siempre de ser los críticos de la sociedad, de ser los perseguidos, de ser los que han provocado los cambios, los que han denunciado, los que han expuesto lo que mucha gente siente y no puede decir, los que han hecho vanguardia, los que han luchado por la mejoría del mundo. Hay millones de artistas que han tomado ese papel. Yo considero que estamos viviendo un momento muy triste musicalmente. Estamos padeciendo una crisis en ese sentido. En los medios no se permiten espacios para la diversidad, la denuncia…se censura a determinados grupos, se utilizan los medios al servicio de un tipo de música. En Madrid, nuestro querido exalcalde terminó con el circuito musical del que vivían muchísimos artistas que no querían vender discos masivamente, sino vivir de su música, haciendo lo que ellos querían…y se acaba con ese circuito abrasando con impuestos a familias que tenían pequeños locales.

-¿Cómo encuentras el equilibrio en tu vida, entre el compromiso social y lo personal?

Yo hace cinco años tomé la decisión de aparcar la música que estaba haciendo, porque bueno, estaba caminando en una vía y posicionándome, cada vez más, y no podía tampoco obligar al grupo a hacer aquello que yo deseaba. Quería tocar suelo y recuperar mi vida para invertir tiempo en estar más cerca de la gente a la que quiero. Pero también me apetecía estar más próxima al compromiso. Lo sentía de una manera natural. La plataforma era un sueño para mí. No entendía por qué los artistas no éramos capaces de unirnos. Lo que más me entusiasmaba era hacer que las mujeres trabajásemos experimentando nosotras solas, posicionándonos como ciudadanas y haciendo ver a las mujeres que éramos mujeres y que todas podíamos sufrir en un momento dado la violencia. Había que hacer sentir a millones de mujeres, que estaban viviendo esto desde la vergüenza y la discriminación, que esto era un problema de todas, que no tenía la culpa ninguna mujer, que era un problema de la sociedad que lo permitía.

-Y al margen de todo esto, Cristina del Valle es una mujer activa y aventurera a la que, me han contado, le encanta, por ejemplo, la escalada.

-Me gusta muchísimo la montaña. Yo, desde muy pequeñita, en mi tierra, Asturias, la tenía ahí y me apasiona. Yo no soy persona a la que le guste el mar e ir a la playa, no. Me fascina la montaña. Es uno de los espacios donde me siento tranquila. Soy muy nerviosa, tengo mucha energía y allí la sensación es casi espiritual. No soy creyente, sino bastante escéptica con todo y muy realista, pero encuentro en la naturaleza una paz que no encuentro en otros lugares. Cuando estoy en la montaña tengo el sentimiento que experimentan muchas mujeres. Cuando tú tocas la tierra y metes los dedos sientes que está viva, que late como tú. Me gusta mucho la escalada por la posibilidad que te da y tener acceso a paisajes y sitios, que de una manera normal, caminando, no tienes.

-¿Reflexionas sobre el flaco favor que le hacemos al planeta?

-Sí, pero no sólo a la naturaleza, también a las ciudades. Se está acabando con todas las zonas verdes. Lo notas cuando vas a ciudades de otros países donde se apuesta más por la ecología. En ciudades como Madrid se van acotando los espacios verdes. Los ciudadanos hemos permitido que las ciudades sean para los coches, las empresas y los negocios. Y al ciudadano cada vez se le va estrechando más. Tienes menos tiempo para pasar un semáforo, cada vez es más hostil la decoración, el suelo que pisas, el espacio y te sientes continuamente agredido por los humos, por los ruidos, por la velocidad. Estamos desnaturalizándonos. Yo no sé si es provocado, pero se está consiguiendo que en muchas ciudades la población salga fuera para poder mercantilizar, cada vez más, el suelo, el espacio y eliminar a los ciudadanos. Es terrible. No apetece pasear por las ciudades. Se ha perdido la costumbre que había hace años en nuestro país. La gente salía a la calle, charlaba…hay algunos barrios todavía, en Madrid, donde se hace, pero existe una gran falta de comunicación. El tema del botellón, que perversamente se ha llevado por otro lado, tiene mucho que ver con eso. Los jóvenes quieren recuperar sus calles, comprarse bebidas que les salen mucho más baratas, estar en la calle, charlar, reírse y tomar espacios públicos. Lo que pasa es que eso no interesa, y por tanto, se desvirtúa y se criminaliza.

-¿Se plantea el medio ambiente como una cuestión menor?

-Pero ha habido un avance. A veces, hablando con amigas, dices: ¡cuando se logrará que en este país que la perspectiva de género tenga que ver en la política de empresas y muchas cosas más!. Algo que los movimientos ecologistas sí han conseguido. A nivel internacional, al menos se cuestiona. Evidentemente, se funciona sin ninguna ética y sin conciencia ecológica, pero sí se sabe que hay una presión y unas sanciones que están ahí que son reales. Entonces, en ese sentido, el movimiento ecologista sí ha logrado imponer esa perspectiva ecológica en la política de las empresas, por ejemplo. Una empresa sabe que va a tener mucha más aceptación, más apoyo y una imagen pública si tiene la perspectiva ecológica en su política de funcionamiento. Cosa que en el tema de género, ahora mismo, es implanteable. Creo que es un asunto que al ciudadano le importa. Hay un papel muy importante que tienen que tomar los ciudadanos y es el poder que tiene el consumidor. Que lo único que puede hacer daño a una marca, a una empresa, a un negocio es que tú no compres ese producto, ¿no?. Ha habido marcas comerciales, como Nike, cuestionadas y castigadas, económicamente, que han tenido crisis muy serias por mantener políticas de explotación a los trabajadores, de esquilmación de recursos naturales… Como vivimos en sistemas capitalistas, hay que aplicar la política y existen países como Francia que sí tienen mucha conciencia. Recuerdo que cuando se subieron los impuestos y el precio de los transportes públicos se montó un gran pollo. En España falta esa conciencia de ciudadano.

-Hay una frase tuya muy concluyente es que “debemos soñar con un mundo mejor y desde los sueños se pueden cambiar las realidades que tenemos”. Supongo que lo mantienes.

-Vamos, a rajatabla. En esta plataforma somos todas muy peleonas y como decía la dedicatoria de mi disco: “nadie nunca nos va a robar el derecho a soñar con un mundo mejor”. Eso es indiscutible y lo vamos a hacer siempre. Pero sí es cierto que el viaje a Irak para nosotras fue un antes y un después y nos causó una crisis personal muy profunda de la que muchas compañeras no nos hemos repuesto. Para mí fue un golpe muy duro, en muchas cosas, emocionalmente, ¿no?. Fue el único momento de mi vida en el que realmente, en algún instante, me sentí muy impotente. Es decir, ¡es imposible!, ¡no se puede hacer nada!, ¡es imposible luchar contra este monstruo de la mentira, de la manipulación , de los intereses, del poder…!. Es una terrible apisonadora. Tienes la sensación física de estar frente a un muro tremendo contra el que te estabas dando de cabeza. Ese fue el momento de mayor crisis, de venirte abajo. De das cuenta de cómo sales de un país con una actitud pacifista para denunciar una historia y cómo todo eso se puede volver en tu contra, cómo lo pueden pervertir, cuestionarte y volver aquí como si fuéramos las hijas de Sadam. Entonces, yo me di cuenta de todo eso y me sentí muy cerca de todos los pueblos machacados…cuando ellos decían golpeándose el pecho: ¡españoles, cariño!, ¡americanos, aj…!. Claro, ese sentimiento de odio y rabia es muy fuerte.

-¿En ese sueño al que te referías está Raimundo?

-(Ríe). Yo no sé por qué, pero en mi casa siempre nos hemos criado con animales. Yo desde que tenía meses, en todas las fotos aparezco con animales. Yo los adoro. La gente que tiene animales lo entiende y quien no los tiene, te ve como un bicho raro, ¿no?. Pero yo he convivido con perros toda mi vida y creo que te humanizan, te enseñan a estar más cerca de tu realidad. Yo he trabajado muchos años con movimientos de protección de los animales, con refugios. Mi casa era la casa de acogida de animales, y de todo. Estábamos todo el día con pollos, gallinas, animales que se caían de no sé dónde. Mi casa era el hospital de todos los animales. Cada vez que se moría uno, un funeral…y yo siempre hacía de cura con entierro incluido…surrealista (ríe).

-¿Por qué se llama Raimundo?

-Pues en recuerdo al movimiento Rai de música árabe, que a mí me gusta muchísimo. Fueron muy revolucionarios y estuvieron cuestionados por el integrismo. Y este fue mi pequeño homenaje.

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