Artistas de calle actúan frente a la catedral de Santander
Artistas de calle actúan frente a la catedral de Santander

En verano, como los romanos, pan y circo. Copiosas comidas playeras, baños de sol hasta la extenuación y si alguien ofrece espectáculo gratis, mejor. Pueblos y ciudades de España se rinden al encanto de un estío en las preliminares de la esperada recuperación económica. Y como siempre, los rincones más insospechados nos reservan un momento para el anecdotario. Son ellos, los artistas de calle, en periplo de plaza en plaza, sin carpa, ni carromatos,  sorprendiendo a propios y extraños con unas notas musicales, malabares o funambulismo, por poner unos ejemplos. Ligeros de equipaje, recorren nuestra geografía creando ilusión, dejándonos boquiabiertos, regalándonos los oídos con melodías que traspasan fronteras, porque llegan de latitudes lejanas en muchos casos. Nómadas que llenan de color festejos de barrio y fiestas patronales.

Primero fueron los titiriteros de la cabra equilibrista, el hombre más fuerte del mundo,  la contorsionista que doblaba su espalda para recoger con la boca un pañuelo del suelo o el faquir que tragaba espadas, engullía bombillas o dejaba su peso corporal al albur de una tabla de clavos, que aún se ven de tanto en tanto. Ahora la oferta se refina en la medida que avanzan los tiempos, aunque se mantiene la esencia circense de siempre. Cada loco con su tema. Unos hacen breakdance, otros nos trasladan el latido de los Andes a través de instrumentos tradicionales, hay incluso estatuas vivientes representando a mil y un personajes de película e Historia, tangos a plena luz, acordeonistas, y hasta marionetas convertidas en cantantes de soul. En todo ello reside la grandeza de la diversidad y la multiculturalidad, mal que pese a los de siempre. A ellos este pequeño homenaje, por ser valedores de una moneda, un aplauso, una sonrisa…y por jugársela en ocasiones, sin red, sin trampa ni cartón, aún cuando la crisis no había asolado el mundo, porque ellos existían antes del desaguisado. A esto se le llama vocación de artista.

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