Intento sacar fuerzas de flaqueza para entender que la vida acaba, muchas veces en el momento menos oportuno. Acabo de llegar a casa. Estoy exhausto, más por fatiga mental, que física. No es común -y menos agradable- que a primera hora de la mañana te digan que ha fallecido un amigo. Por eso, este lunes ha sido distinto, amarga y desgraciadamente distinto.

Conocí a José Antonio Blanco en la radio, en 1996. Una mañana me encontraba haciendo el programa con una tremenda infección de garganta que empezaba a provocarme cierta afonía cuando, de repente, sonó el teléfono y era él. Me pareció un tipo afable, campechano. Decíase naturópata… la cuestión es que entablamos una corta conversación de la que deduje que algo especial acompañaba a aquel paisano. Al cabo de una hora se presentó en la emisora y me entregó dos frascos con una especie de tintura con aroma mentolado, que diluida en agua hirviendo, a modo de infusión, resultaba ser un remedio fulminante contra la ronquera, como pude comprobar en el transcurso de las siguientes 24 horas.

Unas semanas más tarde, José Antonio se incorporó al plantel de colaboradores de Radio Santoña. Con él compartí muchas mañanas, muchos comentarios, anécdotas e historias que narraba con la fuerza de un animal de la comunicación, como en verdad era.  A posteriori, continuaría colaborando todos estos años hasta  el miércoles pasado, con mi amiga y compañera, Gema Matanzas, en el programa “La Mañana con Rumbo”, y en otros medios de comunicación.

Aunque mi marcha a Barcelona, en 1998, impidió que siguiéramos haciendo radio juntos, siempre hemos estado en contacto. De hecho, hablé con él hace menos de un mes. Al coger el teléfono, siempre me llamaba ¡pirata!. Y acto seguido me preguntaba ¿dónde andas?, con esa portentosa voz que le había dado la naturaleza. Me contaba sus historias, sus proyectos, me hablaba de los talleres y cursos que iba impartiendo por media geografía española, de una nueva planta que había incorporado a su haber… y siempre había un hueco para sus piedras, por las que José Antonio sentía auténtica devoción, hasta tal punto que no hace mucho publicó una excelente obra bajo el título “El poder de los cristales”.

Charlando… me explicó que había conseguido una piedra traída de América del Norte, denominada Stargate o Piedra Negra, cuyas facultades iban más allá de lo conocido, con una capacidad de provocar estados de conciencia fuera de lo común. Me parecía tan apasionante lo que explicaba y cómo lo explicaba que le prometí que nos veríamos, y por cuestiones de agenda…la dichosa agenda…no pudo ser…

Estoy convencido de que se nos va un druida del siglo XXI, a pesar de que me niego a asumir que haya querido abrir “la puerta estelar” de esta forma tan apresurada… En cambio, lo ha hecho, imagino que como él quería, sin generar problemas a nadie, sigilosamente… en busca de esa dimensión anhelada en vida, porque el no temía a la muerte… Quizás por eso, en vida, fue, como dirían los entendidos en la materia, un ser de luz…o un faro en medio del Cantábrico para quienes tantas veces acudieron a él buscando consuelo y alibio a sus problemas.

Hasta siempre, amigo. Un abrazo allá dónde estés.

Adjunto un par de enlaces con algunas de las últimas intervenciones de José Antonio abordando el asunto de la Piedra Negra o Stargate.

http://troglobioman.blogspot.com/2010/02/piedra-negra-o-stargate-jose-antonio.html

http://www.ivoox.com/piedra-negra-jose-antonio-blanco-audios-mp3_rf_215006_1.html

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