A lo largo de los últimos días ha habido usuarios, amigos y conocidos que me han cuestionado entre risas y bromas -por no decir echado en cara- mi apoyo a la candidatura para la capitalidad cultural europea de Cáceres, cuando la ciudad de Santander, en la que trabajo y vivo, también aspira a idéntico título.

He de decir, como descargo, que en todo momento he respaldado, principalmente a través de las redes sociales, cuantas iniciativas ha puesto en marcha la fundación gestora de Santander 2016. Y si mi apoyo no es mayor, no se debe a ninguna razón oculta, sino al hecho de que no me gusta mendigar mi presencia en foros de este calibre.

Como periodista y escritor cántabro voy allá donde me invitan a participar, donde cuentan con mi aportación, donde quieren escuchar mis ideas. En este caso la invitación es de la Red Internacional de Escritores por la Tierra de la que soy cofundador y miembro -colectivo ya presentado en nuestra región-, y del Ayuntamiento de Cáceres.

Hoy por hoy, nadie me ha tendido la mano para que eso sea una realidad en el caso de Santander 2016, lo que no quiere decir que no sienta predilección por esta ciudad. Me encantaría que Santander se alzara con la capitalidad. Y seguiré apoyando en esta dirección. Pero el gesto de Cáceres debe servir para que alguien reflexione.

¿Se ha tenido en cuenta a todos los colectivos y personas que intentamos con humildad aportar nuestro granito de arena al desarrollo cultural de Cantabria?.

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