Hace no mucho tiempo, camino del IV Encuentro de Escritores por la Tierra, en Madrid, el cantautor “argenmex” -como se autodenomina Nahuel-, compañero de la RIET, me presentaba a Francisco Espinosa, y éste, a su vez, con generosidad, me regalaba una copia de su último trabajo discográfico “Años y prejuicios”. Autoeditado -que personalmente me dice mucho, porque habla de alguien que ama lo que hace- este CD es un conjunto de ganchos bien encajados a las miserias de nuestra sociedad.

Crítica directa, envuelta en pura poesía, que se escribe de lo estrictamente ideológico, a los claroscuros de la transición española, la doble moral del sistema, la guerra de Irak, la inmigración, el paro, el SIDA, el amor, el desamor, la vida bella y la vida perra, el Madrid de sus estretelas o un homenaje a José Agustín Goytisolo en “Monseñor”. De los once temas que componen esta obra de Francisco Espinosa, preñada de anhelos comunes para un sector importante de la ciudadanía, hay uno que me ha transmitido sobremanera, “La vida”.

Las extraordinarias aportaciones de Marta Espinosa (voz, pianos y teclados), Clara Collantes (guitarras acústicas), Miguel Ángel Villafruela (bajo, guitarra eléctrica y acústica) en “Tontos de solemnidad”, Juan Rubio (percusiones) o las pinturas y diseño de portada, contraportada e interior de Javier Nieto (enhorabuena al artista) completan “Años y prejuicios”. Gracias, Francisco, por devolverle la dignidad a la canción social.

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