Podría darme igual, porque a lo mejor en el futuro no cobro una jubilación, e incluso no puedo permitirme ir a un comedor de ancianos, porque para entonces estarán todos cerrados.

Podría no indignarme, pero vuestros argumentos no me dejan impasible, me hierven la sangre. Me pregunto con qué cara habréis mirado a vuestros mayores, en casa, en la mesa, este mediodía, a la hora de comer. ¿Lo habréis hecho con la misma frialdad con que habéis dejado a 30 ancianos en la calle, yendo de un restaurante a otro porque su comedor social lo cierra un Gobierno?

Podría ser partidista, pero no, no malinterpretéis mis palabras. No es un ataque. No hay trasfondo político ni ideológico en lo que os voy a contar. Es cuestión de humanidad, de valores éticos y morales. Aunque seguro que a más de uno le gustaría para tener la coartada perfecta y tacharme… me da igual de qué. Esto sólo es una reflexión en torno al obsceno espectáculo que esta mañana habéis ofrecido a los ciudadanos en el pleno extraordinario que ha celebrado el Ayuntamiento de Santoña.

Podría no haber ido al pleno, pero hacía tiempo que no asistía, por distintas razones personales. Y veo que los años poco o nada han cambiado las cosas. Seguís anclados en el provincianismo, en la política cateta y caciquil de pueblo, en el mangoneo que siempre os ha gustado. Mirad a vuestro alrededor. Cambiad. Son otros tiempos, los pueblos y los políticos se renuevan, innovan, se modernizan, humanizan las relaciones sociales con sus vecinos. Vosotros no. Vosotros desmanteláis un comedor social de ancianos a golpe de camión, en silencio. Lo mismo me da si existía o no un informe que reflejaba la inviabilidad, quienes habéis ejecutado el cierre sois vosotros.

Podría no importarme, pero me importa que 20.000€ tengan la culpa de este despropósito, cuando uno ve la austeridad que gastan el Ayuntamiento de Santoña y el Gobierno de Cantabria en según qué capítulos. Como he prometido que no es un ataque, si queréis os lo cuento al oído tomando un café, con boli y libreta en la mesa.

Podría no sorprenderme, pero me acongoja la idea de ver a nuestros mayores de restaurante, haciendo cola a las 11:00 de la mañana, sólo para comer, porque ya no tendrán un lugar donde estar, charlar, jugar a las cartas, donde les cuiden, les limpien, peinen y hagan la pedicura, como hasta ahora. Un restaurante que ahora se alquila, me cuentan que a una empresa china. ¿Qué les darán de comer arroz frito tres delicias a diario?

Podría pensar que sólo es una pesadilla, pero no, es vuestra cruel realidad tijera en mano. La obsesión del recorte que os ciega, y se os empieza a volver en contra. Quedaros con esto último…se os empieza a volver en contra. Tiempo al tiempo…

Podría creerme que, efectivamente, el cierre del comedor responde a un problema económico, a la falta de liquidez para mantenerlo, pero no. Prefiero que me expliquéis en qué estáis proyectando convertir el local que acogía hasta ahora dicho comedor. ¿Es una operación de mobbing inmobiliario como se ha insinuado en el pleno? ¿Vecinos molestos e insolidarios porque sus pisos se devalúan? ¿Vecinos que ya se quejaron cuando se abrió el comedor? ¿O… es la cesión de ese local a una entidad de carácter social radicada en Santoña? Espero que el local no tenga ni estos ni otros destinos, salvo mantener abierto exclusivamente el comedor de ancianos.

Os invito a la reflexión. Hay soluciones. De verdad. Sentaros y hablad. Es de grandes, de sabios rectificar.

Y si después de lo escuchado en el pleno de hoy, seguís pensando lo mismo… MONTAREMOS UN COMEDOR EN LA PLAZA DE SAN ANTONIO. ¿Os imagináis la imagen que daríamos de Santoña? El famoso pueblo de las anchoas donde los ancianos comen en la calle… no me lo quiero ni imaginar…

Pensad, pensad…

Juan Carlos Ruiz (Periodista y escritor santoñés)

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