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No era la primera vez que entraba al Centro Penitenciario de El Dueso para participar en alguna de las actividades ocupacionales que los responsables de Tratamiento organizan con cierta frecuencia. Pero ayer fue un día muy especial porque representar un texto como “El nacimiento de mi violencia”, con el trasfondo que recoge la obra, ante personas que desconoces por qué razón están pagando condena -aunque te imagines los delitos que han podido cometer o se les imputan- de alguna manera te impacta, y te toca la fibra. En esta ocasión eran internos e internas del Programa de Compromiso Social, una iniciativa en la que participan de forma voluntaria funcionarios e internos y que “trata de trabajar por los demás como medio para reconciliarse con uno mismo”, como me explicó Bernardo Peña, trabajador social de la prisión. Este programa recoge varios talleres como uno que lleva por lema “Toma de decicisones equivocadas” que se está impartiendo en institutos de secundaria; “Todos a la sombra”, que aborda la repoblación con árboles autóctonos; “Camilleros de Lourdes”, para el acompañamiento de enfermos que peregrinan al santuario anualmente; “Alubias Solidarias”, cuyos fondos se destinan a proyectos de cooperación en Latinoamérica, y así un sin fin de actividades más.

Desde esta especie de diario de a bordo de las experiencias que nos va aportando la puesta en escena de El nacimiento de mi violencia, allá donde vamos, quiero dar las gracias a Bernardo Peña, trabajador social, y a Begoña Bercedo, coordinadora de actividades ocupacionales por sus atenciones y recibimiento. Asimismo, a todos los internos e internas que vinísteis a la representación y participásteis en el coloquio posterior. Fue un placer. Ánimo en vuestro camino!

 

 

 

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