Camino por la calle hacia casa. Entro a tomar un café en un bar del barrio, y el silencio sepulcral inunda el espacio. Todas las miradas se dirigen al televisor, a la última hora de la tragedia del tren accidentado en Galicia, y de España, porque todos tenemos hoy nuestro corazón allí. Más, cuando sabes que en tu ADN hay reminiscencias gallegas. Me he ido compungido después de que un abuelo recio rompiera ese silencio para confesar que esta mañana había llorado al ver lo ocurrido. Y me he ido recordando que lloré anoche. Y me he preguntado por qué siempre nos unimos en los peores momentos y nos olvidamos de ayudarnos después. Al fin y al cabo, este viaje dura cuatro días…debería ser razón suficiente para romper ese individualismo estúpido que nos atenaza. Y por casualidad, ha sonado en la radio esta canción versionada por Dulce Pontes y Carlos Núñez que me trae buenos recuerdos, por triste que su letra parezca. Sonido atlántico para decir adiós a las víctimas e intentar reconfortar a las familias y heridos. Sé que nada es suficiente en estos momentos. Todos hemos perdido a alguien en algún instante, pero prefiero que sea así…

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