De la figura de Adolfo Suárez guardo las imágenes que todos estamos rememorando estos días, pero una en especial. Era domingo al mediodía. 1982. Yo tenía 9 años. Jugaba en la Plaza de San Antonio, mi pueblo, Santoña. De repente, un Mercedes de color crema con los cristales tintados y que portaba una banderita española en el lado del conductor, se detiene frente al histórico Bar Buciero. Aquello sólo se veía en las películas. De modo que la curiosidad nos llevo a dejar nuestros juegos y acercarnos a ver quién salía de aquel coche, seguido a su vez por una comitiva de más de diez vehículos. Una música contagiosa procedente de uno de los coches lo inundaba todo, había gente que lanzaba octavillas con publicidad del CDS (Centro Democrático y Social). Poco a poco, decenas de personas se fueron arremolinando junto al vehículo. Y en ese momento salio él, con su sonrisa eterna. Primero nos saludó a los niños, y hasta hizo unos pases con un balón. Después la comitiva se fue. Creo que otro lugar donde estuvo fue el Bar Juncal, pero no lo puedo afirmar con precisión. Era la campaña electoral de unos comicios que finalmente no ganaría. D.E.P

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