Poco más de las diez y media de la noche. Ha sido uno de esos días que te vas a casa satisfecho, por muchas razones. Porque has paseado con una amiga, has celebrado un cumpleaños (y mañana sabes que es el tuyo, la magia de las coincidencias), has escuchado a un grupo de músicos en una cueva de Lavapiés reproduciendo el ambiente de las tabernas de Brasil, has encontrado un libro de cuentos de Edgar Alan Poe que tenías ganas de leer…

Me dispongo a tomar el tren en la estación de Embajadores, y cerca de las escaleras mecánicas que me conducen al andén -dirección a Atocha- observo a dos personas que hablan entre sí. Parecen una madre y un hijo. Y, en efecto, lo son. Cuando llego a su lado, rápidamente les reconozco. Se trata del actor Carlos Olalla y su madre de 83 años,la actriz y escritora (12 libros publicados) Cristina Maristany. A Carlos le hemos visto  en series de televisión como La Embajada, Cuéntame, El tiempo entre costuras o en películas como A cambio de nada o Lasa y Zabala. 

Hace unos días, Carles Francino les entrevistó en la Cadena SER (escuchar entrevista) tras conocerse que llevaban unos días recitando poemas en el Metro de Madrid para sobrevivir. En esa entrevista Carlos Olalla afirmaba “en nuestra hambre y en nuestra dignidad mandamos nosotros, no ellos y eso es lo único que nos queda”. Se refería a la situación que viven hoy los artistas en nuestro país -reconocía que el suyo no es un caso aislado- y denunciaba el menosprecio que sufre la Cultura. Es un gesto de rebelión contra el sistema que criminaliza todo aquello que nos haga pensar, y por tanto nos convierta en ciudadanos libres.

Al ver la imagen de Carlos y Cristina,me quedo paralizado unos segundos.Conocía su historia, había escuchado la entrevista y sentido una tremenda impotencia. Y la vida es así, una caja de sorpresas. La oportunidad de trasladarles mi enhorabuena por su lección de dignidad y reivindicación activa,  porque ellos no piden, dan aquello que mejor saben hacer. Ahí, a la vuelta de la esquina, donde menos lo esperas. Y mientras llegaba el tren,hemos conversado sobre su valiente apuesta, sobre mis “humildes aventuras escénicas”, y he sentido su calor, su apoyo para seguir adelante creando. Y no me podía creer que aún tuvieran paciencia para charlar, que se mostraran con la autenticidad de quien te conoce de siempre, sin postureos. Muchos deberían aprender y bajarse de los escenarios “para no perder el contacto con la realidad”, como afirma Carlos.

Y lanzo un órdago desde estas lineas. Sumémonos a Carlos y Cristina, llenemos las plazas, las calles, los mercados, las bibliotecas, los centros cívicos,los colegios, las paradas de bus. Detengamos nuestras vidas,un sólo día, para reivindicar, para demostrar que necesitamos la Cultura como el aire que respiramos. Actores y actrices, directores, escritores, pintores,escultores, músicos, fotógrafos, cámaras, decoradores, gestores culturales, propietarios de teatros, productores…y todos cuantos nos sentimos identificados profesionalmente o por simple afición a la creatividad artística, sea del género que sea.

Necesitamos seguir llenando vagones de Cultura.

Juan Carlos Ruiz
Periodista, escritor y actor

DEDICADO A CRISTINA, A CARLOS… Y A TODOS LOS ARTISTAS 

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