Hay políticos que aún no han entendido que la democracia del decretazo tiene los días contados y que, cada vez, con más fuerza, los ciudadanos exigen una nueva democracia participativa que les permita estar presentes, decidir y fiscalizar, en primera persona, aquellas actuaciones de interés general que afectan a su entorno, a sus barrios, sus pueblos, sus ciudades, sus comunidades autónomas, más allá de depositar un voto en las urnas. La cuenta atrás para la vieja política ha comenzado, mal que les pese a algunos de los jóvenes políticos de las generaciones emergentes, que da la impresión de que desean seguir enrocados en lo de siempre, en lo que han aprendido de las vacas sagradas que han puesto este país patas arriba. Es triste, pero es la realidad… Desde Homero seguimos con la misma odisea…

Los últimos acontecimientos que rodean al futuro del Palacio de Chiloeches o Maeda (Santoña, Cantabria), uno de los cuatro hospitales militares de época napoleónica, en tiempos de la Guerra de la Independencia, que quedan en España, declarado BIC (Bien de Interés Cultural) viene a confirmar esa tendencia continuista de algunos políticos en los que una parte del electorado ha depositado su confianza.

El pasado jueves, el  Boletín Oficial de Cantabria (BOC) publicaba en una edición extraordinaria, la aprobación definitiva de la modificación puntual del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de Santoña que permitiría la  “demolición de todas las construcciones del entorno”, como ha manifestado el alcalde de Santoña, Sergio Abascal (PSOE), entre las que se incluiría el proyecto para derribar el ala oeste, que no está incluida en “ninguna figura de protección”, ni en el BIC que sí ostenta el Palacio de Chiloeches, ni en ninguna de carácter municipal, y que por tanto “no es más que una edificación más”, según informa el digital eldiariocantabria.com

Decía el alcalde que, de esta forma, se podría “dar salida al desarrollo urbano” del municipio, y confirmaba que “no es un capricho municipal”. “El Ayuntamiento ha cumplido con todos los trámites legales”, afirmaba, al tiempo que creía que a partir de la publicación en el BOC, el consejero de Cultura, Turismo y Deporte del Gobierno de Cantabria, Ramón Ruiz (PSOE), rechazará la petición de incluir en el BIC el ala oeste, una decisión para la que el plazo finaliza el lunes 27 de marzo. Es decir, en sólo cuatro días y con un fin de semana por medio, se adopta una decisión clave para Santoña. De entrada, llama poderosamente la atención tanta celeridad.

No es una novedad que quien suscribe se haya mostrado contrario a las actuaciones  que el Ayuntamiento contempla para el entorno del Palacio de Chiloeches, entre ellas dar luz verde a la construcción de viviendas y prescindir de un edificio que podría convertirse en equipamiento municipal para disfrute del pueblo de Santoña. Alega el alcalde que convertir una parcela, hoy de propiedad privada, en pública, rehabilitar el edificio y urbanizar su entorno, requiere de una gran inversión. Se olvida el Sr. Abascal que el actual Ayuntamiento, Palacio de Manzanedo, fue fruto de una permuta de terrenos y hoy Santoña es dueña y señora de ese edificio.

Una de las razones que me han impulsado a escribir estas líneas es que no podía abandonar mi compromiso personal, como santoñés, con la defensa del Patrimonio y la Cultura de nuestro pueblo. Llevo a gala ser de Santoña allá donde voy. Y de la misma forma que me opuse al cierre del Teatro Casino Liceo que pretendió el PP –una protesta que algunos de los concejales que hoy forman parte del grupo municipal socialista jalearon, aplaudieron y ovacionaron como locos en las redes sociales-, hoy cierro filas en torno al Palacio de Chiloeches y contra el desacierto del equipo de gobierno que encabeza el actual alcalde socialista. Esto se llama objetividad. Y como “sin periodismo no existe democracia”, empecemos a llamar a las cosas por su nombre.

Cuando en el año 2009 recibí por parte del Ayuntamiento de Santoña el “Reconocimiento a los Valores Culturales” por mi labor altruista en todo lo que representa sumar a la Cultura de nuestro municipio, me comprometí públicamente a colaborar en aquello que resultara necesario, y así lo vengo haciendo cada vez que se me requiere por parte de colectivos o incluso participando con iniciativas propias.

El pasado 20 de marzo, publicaba en mi web personal Oda a Chiloeches, a través de la que quise expresar mi rechazo al proyecto que contempla el Ayuntamiento de Santoña para el citado conjunto histórico, pero también el dolor, como santoñés, que me genera ver la situación de desidia y ruina que se ha sostenido en el tiempo y agravado desde el hundimiento del tejado del inmueble, hace ya diez meses, sin que nadie haya movido un dedo. No doy crédito. No comprendo que la dilatada y puñetera burocracia de los despachos o quizás la estratégica táctica del avestruz de los políticos haya llevado a la situación actual del Palacio de Chiloeches. No puedo entender que se maree la perdiz permanentemente y no se hable claro a los ciudadanos.

A raíz de la publicación de Oda a Chiloeches, he recibido testimonios de varios ciudadanos avergonzados por lo que está sucediendo. Ciudadanos que se declaran socialistas de carnet y simpatizantes, a los que conozco personalmente, felicitándome por mis palabras. No era necesario el elogio, de verdad. Cuando hablo de Santoña, me expreso desde el corazón. No me gusta el postureo. Pero, curiosamente, no era la primera vez que me encontraba ante esta reacción. Y paso a relatar un curioso y revelador episodio vivido hace apenas seis meses.

En el verano de 2016, me hallaba tomando un café en Santoña cuando, en presencia de un amigo, se acercó a saludarme un ciudadano. Quienes me conocen saben cómo soy. Le saludé efusivamente y le pregunté, entre bromas: ¿cómo van las cosas por el pueblo? Y el gesto me lo dijo todo. Por respeto a este ciudadano y al amparo del secreto profesional que me asiste no voy a citar su identidad, obviamente, pero sí puedo afirmar que es una persona muy cercana al PSOE, que ha colaborado en campañas, que ha asistido a asambleas del comité local del partido, a quien considero una persona cabal -intelectualmente ya quisieran algunos estar a su altura- y que pasó a relatarme su percepción de la política municipal y la tarea que estaba realizando el Sr. Abascal como primer edil del Ayuntamiento. La definición fue “nefasta tarea”. Ante mi sorpresa, describió a un alcalde “prepotente y arrogante”, que incluso había llegado a duros enfrentamientos verbales con otros militantes en las asambleas del partido, como jamás antes había sucedido. “O estás con él o estás contra él. No hay término medio. No se puede dialogar. Y si no piensas como él, ya puedes marcharte”, me dijo. Me sorprendió, sinceramente.

Estos días, tras la publicación de “Oda a Chiloeches”, he tenido conocimiento de otro capítulo, a través de una nueva fuente, que convendría que el Sr. Abascal aclarara si es cierto o no, al igual que todo lo anterior. ¿Es cierto que un exconcejal socialista al mostrar sus discrepancias en torno al proyecto Chiloeches fue humillado en una reunión en el Ayuntamiento hasta terminar llorando? A propósito, un exconcejal al que Santoña le debe mucho en materia de difusión de su Cultura y al que nadie ha reconocido. Sólo pregunto si si han dado estas embarazosas situaciones.

Pero la información más inquietante, en la conversación con el citado interlocutor, estaba por llegar. Y en base a esa información, desde estas líneas hoy quiero formularle cuatro preguntas, Sr. Abascal:

1.- ¿Qué hay de cierto en la existencia de una empresa y un aparejador elegidos para la ejecución de la operación inmobiliaria que conllevaría el entorno del Palacio de Chiloeches de no ser ampliada la calificación BIC a todo el conjunto, incluida el ala oeste?

2.- De existir dicha empresa y aparejador, ¿guardan éstos vínculos con un gabinete jurídico que a su vez mantendría relación con un concejal del grupo municipal socialista?

3.-Si esa presunta conexión existe, ¿tiene usted conocimiento de qué concejal se trata?

4.-Si se demuestra que es así, ¿tomará medidas al respecto?

Sería interesante que los ciudadanos supiéramos qué hay de verdad o no en todo esto. Insisto en que esta información se filtra desde su propio partido. Hasta que no se demuestre lo contrario, no me cabe duda de que se ha de considerar la presunción de inocencia. Pero si el ala oeste del Palacio de Chiloeches finalmente no es reconocida como BIC en el conjunto de la parcela, por la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte del Gobierno de Cantabria, y el proyecto que su equipo de gobierno pretende, se lleva adelante, tarde o temprano los ciudadanos acabarán sabiendo si la información filtrada es cierta o no. Si esa información fuera verosímil se estaría incurriendo en un delito muy grave. Usted, como abogado, lo sabe mejor que nadie. Por tanto, no baje la guardia, Sr. Abascal. Desconozco si esta información va a sembrar la preocupación en el Sr. Ramón Ruiz, Consejero de Cultura, Turismo y Deporte. Yo, personalmente, estaría preocupado e indagaría hasta las últimas consecuencias, antes de rechazar la ampliación del BIC.

Finalmente, Sr. Abascal, no permita que algún día, cuando se pasee por Santoña, los ciudadanos le recuerden como el joven alcalde que contribuyó a destruir una parte de la Historia de nuestro pueblo. Sea valiente, rectifique el planteamiento actual, exija al Gobierno de Cantabria la declaración BIC para el Palacio de Chiloeches entero y apueste por conservar aquello que forma parte de nuestra identidad.

De momento, ya integramos la Lista Roja del Patrimonio de la Asociación Hispania Nostra,  nacida en 2007, con el fin dar a conocer y proteger aquella parte de nuestro Patrimonio Histórico que se encuentra en abandono y en peligro.

No es la mejor promoción para Santoña, créame.

Aún está a tiempo. Quedan 48 horas…

Juan Carlos Ruiz
Periodista santoñés

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