De extremo a extremo del acuario, reparando en cada mota de polvo, huella dactilar o movimiento posible tras el cristal. Se siente como un mono de feria pero, en lugar de cacahuetes, le lanzan gambas deshidratadas. La rivalidad le enfrenta a sus congéneres por puro instinto de supervivencia, el sustento manda. La cadena de la depredación es imparable. Hoy es el turno de la gamba, mañana le tocará a una criatura cualquiera, y pasado será mi oportunidad. Caliente…caliente.

Colosal banquete reduce los reflejos, el paseo acuático se torna en estrés, cansancio, pesadez, fatiga, ahogo…Glup, Glupp, Gluppppp… El latido de la Tierra sigue su curso, la evolución no cesa. La vida precede a la muerte, ese regreso a nuestra verdadera esencia. Y la vida de un pez no es muy diferente a la de un humano, nace y muere, esa es la realidad. Y morimos en el exceso. Arrastrando la culpa de las alfombras de miseria que dejamos atrás, reventados de comodidades y lujos, contaminados con nuestros propios desechos, pero al final de toda la película… incumpliendo nuestro deber como hijos de Gaia.

Autor: Juan Carlos Ruiz Robledo. Serie Microrrelatos. 

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